Radiografía del 27
Los diarios de Morla desvelan las confidencias entre el chileno y Lorca
martes 19 de febrero de 2008, 12:47h
Carlos Morla Lynch se quedó en Madrid durante toda la Guerra Civil y convirtió la embajada chilena en refugio de perseguidos, con lo que salvó muchas vidas tanto durante la guerra, cuando hubo que soportar las quejas del Gobierno republicano por alojar a nacionales, como tras la entrada en Madrid de Franco, quien llegó a amenazar con asaltar la embajada por cobijar a republicanos.
Uno de los que salvaron la vida por ser recibido en la embajada fue el escritor falangista y posteriormente ministro del primer Gobierno de Franco Rafael Sánchez Mazas, cuya peripecia se cuenta en la novela de Javier Cercas "Soldados de Salamina".
Morla consiguió reunir en las tertulias de su hogar madrileño a lo mejor de la literatura española de ese tiempo, en especial a los poetas de la Generación del 27, como Cernuda, Altolaguirre, Alberti y su esposa María Teresa León y, sobre todo, a García Lorca, con quien mantuvo una muy honda y cómplice amistad.
Esta nueva edición está notablemente aumentada respecto a las dos únicas ediciones anteriores (las de Aguilar de 1957 y de 1958), que sufrieron los embates de la censura franquista, de modo que se restituyen ahora numerosos fragmentos y se introducen algunos apéndices documentales, como el epistolario completo entre Morla y Federico que incluye una carta hasta ahora inédita.
"Páginas de un diario íntimo. 1928-1936" es el subtítulo de este libro de Carlos Morla Lynch, quien además de diplomático fue compositor, escritor y humanista, hijo del diplomático, historiador y ex ministro de Exteriores de Chile Carlos Morla Vicuña.
Un poeta amigo de otros grandes
Por las tertulias de su casa madrileña, primero en Velázquez, junto al torreón en el que escribía hasta la madrugada Ramón Gómez de la Serna, y luego en la de Alfonso XII, pasaron también Guillén, Bergamín, Aleixandre, Rosales, Salinas, D'Ors y Madariaga, además de los chilenos Neruda, Huidobro, Gabriela Mistral, Acario Cotapos e Isaías Cabezón.
Según recuerda en el prólogo a esta nueva edición Sergio Macías Brevis, autor de otro libro sobre la etapa madrileña del Nobel Pablo Neruda, a la casa de Alfonso XII, frente al parque del Retiro, concurría diariamente Federico García Lorca "a las nueve de la noche; allí, en un rincón del salón tenía su guitarra que mimaba a los concurrentes. Pero muchas veces tocaba el piano, sólo o con Carlos o junto a Bebé" (Bebé Vicuña, esposa de Carlos).
Algunos de estos contertulios le pidieron a Morla que, tras el asesinato del poeta en Granada, escribiera una obra basada en la amistad que sostuvieron durante aquellos años madrileños.
"Morla se encontraba en la Plaza Mayor cuando oyó la noticia del horrendo crimen. Se quedó paralizado, sin saber qué hacer. No podía creer que su gran amigo que había estado hacía unos días en su casa irradiando alegría hubiese sido asesinado. Su mente se niega a aceptar tal monstruosidad, pues no hay razón para matar a un poeta que canta al amor, al paisaje y a las virtudes del pueblo español", según cuenta en el prólogo a esta nueva edición Sergio Macías Brevis