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Según muchos expertos, lo que necesita el continente es inversión y comercio

Ayudas que matan: arrecian las críticas al dinero que dan los países ricos a África

sábado 30 de mayo de 2009, 12:48h
Esta semana se ha celebrado el Día Mundial de África. Una jornada en la que se multiplican las angustiantes llamadas a la ayuda al continente para aminorar su lacerante pobreza, que parece endémica a pesar de las enormes riquezas naturales que poseen la mayoría de los estados africanos. Sin embargo, las ayudas internacionales están cada vez más en entredicho por parte de expertos tanto occidentales como de los países en desarrollo.
Todos los países comparten un pasado de miseria y privaciones. Por tanto, los países ricos, también fueron pobres. Y alcanzaron sus actuales cotas sin ayudas. Hoy la riqueza es grande en los países desarrollados. La tentación de llevar una parte de ésta a los países más pobres es enorme.

Pero la riqueza es más caprichosa de lo que queremos, y el trasvase de ayudas no sólo no es necesario, como demuestra la experiencia de los países pobres, sino que no es suficiente. Y para algunos no sólo es insuficiente sino que resulta perjudicial. Las ayudas al desarrollo no salvan vidas, sino que las destruyen. Es ya hora de confiar en los propios africanos, en su capacidad para crear riqueza y compartirla con el mundo por medio del comercio. Esto es, al menos, lo que piensa un número creciente de expertos.

África y otros continentes
El llamado “milagro asiático” se produjo en países a los que, por diversas razones, se les denegó la ayuda internacional o renunciaron ellos mismos a recibirla. La historia de la Europa del Este es distinta. Una vez derrumbado el socialismo histórico, ni los pueblos ni los dirigentes de aquellos países querían oír hablar de más socialismo. Transformaron sus economías y las convirtieron en capitalistas. Y se abrieron al mundo. El resultado es que de 1995 a 2007 la renta real per capita creció en Letonia un 167 por ciento, es decir, como multiplicarlo por dos y dos tercios. Los ciudadanos de Estonia, de media, generan una renta dos veces y media superior. Lituania, República Checa y otros también han dado un salto muy grande en muy poco tiempo. Y no han recibido ayudas al desarrollo.

El caso de África es distinto. Si bien el consenso en la Europa post comunista era la apuesta por las reformas favorables al mercado, a África se la mira como si fuese incapaz de crecer por sí misma. Esas ideas son, también, las que hemos exportado al continente. Y parecen cumplirse década tras década, al comprobar que África sigue siendo un fracaso económico y social a pesar de quedar protegida de la globalización depravadora y de recibir grandes cantidades de dinero en forma de ayudas. La cuestión es que son cada vez más quienes piensan que son precisamente esos factores los que lastran el desarrollo del continente negro.

De 1995 a 2007, la renta media per cápita ha caído en África un 26 por ciento. La realidad es más dura si dejamos de contar los países ricos en petróleo. Nueve de los 48 países subsaharianos son hoy más pobres que en 1960. La desconolización y el socialismo no han hecho reales sus enormes promesas. La ayuda tampoco.

Ayudas que matan
De hecho, las ayudas son cada vez más criticadas por los expertos en desarrollo. Peter Bauer, pionero en la crítica, decía que éstas eran una forma de “cobrar impuestos a los pobres de los países ricos, para dárselo a los ricos de los países pobres”. Pero esa es sólo una de las críticas de Bauer. También observó que "Dar dinero a los gobernantes sobre la base de la pobreza de sus súbditos remunera las políticas de empobrecimiento". El economista Murray N. Rothbard llegó a decir que “las ayudas matan”.

A Bauer le han seguido muchos otros, como David Osterfield, Deepak Lal o, especialmente, William Easterly. Pero recientemente se ha producido un auténtico fenómeno mediático, con nombre y apellido, los de Dambisa Moyo. Su mensaje no es original: las ayudas sólo lo son en el nombre, desvían el interés de los africanos de buscar su propio desarrollo a extender la mano del dinero de Occidente. Fomenta la dependencia, no la empresarialidad. Lo que ha provocado el estrellato de Dambisa Moyo es su condición de joven economista, mujer… y africana.

Dambisa Moyo
Esta zambiana ha sido nombrada por la revista Time de mayo de 2009 como una de las 100 personas más influyentes del mundo. Como June Arunga antes que ella, Moyo lucha contra la idea de que los africanos no saben salir de su situación por sí mismos. Su mensaje es claro: “La idea de que la ayuda puede aliviar la pobreza sistemática, y que ha sido útil, es un mito. Millones de africanos son más pobres hoy a causa de las ayudas. La miseria y la pobreza no han acabado, sino que se han incrementado”. Desde Zambia, precisamente, Robert Liebenthal ha declarado desde el Fondo Monetario Internacional que “África necesita más inversión, no mas ayuda”.

Moyo ha logrado esa posición por haber sacado un libro, llamado “Dead Aid” en el que propone acabar con las ayudas en un plazo de cinco años. El presidente de Rwanda, Paul Kagame, ha calificado esta propuesta de “agresiva”, pero también ha proclamado, desde las páginas del Financial Times, que “África tiene que encontrar su propio camino a la prosperidad”. El libro de Dambisa Moyo, dice, “nos da una evaluación exacta de la cultura de la ayuda hoy”. Y añade: “El ciclo de ayuda y pobreza es permanente: en la medida en que las naciones pobres se centren en recibir ayuda, no trabajarán en la mejora de sus economías”. La discusión, ahora, debe ser “cuándo acabar con la ayuda y cuál es la mejor forma de hacerlo”.
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