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crítica

Los hombres que no amaban a las mujeres: fiel adaptación de la inquietante novela negra de Stieg Larsson

sábado 30 de mayo de 2009, 17:08h
Asegura Niels Arden Oplev, el director de la primera de las adaptaciones cinematográficas de la trilogía Millenium, que su intención fue hacer un filme con una atmósfera muy escandinava y un toque de calidad europeo, pero sin prescindir del estilo espectacular y comercial norteamericano.
Y lo que parece un objetivo demasiado ambicioso, el director danés que ha venido desde los años 90 compaginando el cine y la televisión, lo consigue plenamente, para suerte de todos los seguidores de las inquietantes novelas de misterio del malogrado Stieg Larsson.

La ambientación es claramente escandinava: espacios abiertos, despoblados y, por supuesto, a rebosar de nieve, para los exteriores; y oscuras habitaciones funcionales de madera cuando la acción transcurre en el interior. Pero, aunque en cierto modo es verdad que el filme consigue un ritmo que nada tiene que envidiar al de thrillers tan impactantes como Seven o El silencio de los corderos en los que Oplev confiesa haberse inspirado, Los hombres que no amaban a las mujeres no olvida, en ningún momento, la novela de la que nace. Con la escasa fidelidad que permite el hecho de verse obligado a trasladar a sólo dos horas y media de imágenes las casi 700 páginas de personajes y lugares perfilados con detalle, de minuciosas descripciones de la acción principal y de las secundarias que rodean el misterio propiamente dicho, lo cierto es que el guión y la elección de lo que no podía dejarse “olvidado” en el libro, como las pequeñas pistas de las viejas fotos y filmaciones del día en el que se produjo la extraña desaparición de Harriet Vanger, es absolutamente perfecta.

Igual que lo es, en conjunto, la elección del reparto, compuesto por grandes nombres de la escena teatral sueca, con la excepción de la joven y desconocida Noomi Rapace. Y ha sido precisamente con ella con la que la perfección ha alcanzado lo más difícil: que el espectador que antes fue lector tenga la satisfactoria experiencia de pensar que Lisbeth Salander, por obra y gracia de algún genial truco de magia desconocido, ha sido capaz de escaparse del interior de la novela y de saltar ella solita a la pantalla del cine. Nos encontramos con la anti-heroína punky e introvertida, con una vida personal muy complicada, tal y como la describió su creador, sin haber caído en la tentación de ofrecernos la imagen disfrazada de una actriz con encanto, como probablemente habría hecho Hollywood. No es el caso, Noomi Rapace, que se confiesa autodidacta y muy cercana a nuestro país por los genes que le transmitió su padre español, se ha convertido en su difícil personaje, al que no se le puede reprochar nada. Y su interpretación pone el listón tan alto, que a su pareja de desventuras, Mikael Blomkvist, el periodista de la revista Millenium condenado por difamación, a quien interpreta Michael Nyqvist, le deja con la calificación de simplemente correcto. Además, y por esas razones de espacio a la hora de adaptar un guión, se han obviado sus relaciones sexuales con la editora de la revista y con una de las sospechosas de la desaparición que investiga, lo que no permite apreciar la faceta de mujeriego despreocupado con la que el escritor le imaginó.

A la película recién estrenada en nuestro país, le seguirán en unos meses los estrenos de las adaptaciones de las dos obras restantes de la saga Millenuim, realizadas por Daniel Alfredson y que, en un principio, iban a ser emitidas directamente en televisión. Sin embargo, las expectativas generadas por el primer filme han sido tan grandes, que los productores se vieron obligados a adelantar, durante el pasado Festival de Cannes, el anuncio de que las dos nuevas entregas llegarán también al cine.
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