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Violencia en Pakistán

sábado 30 de mayo de 2009, 21:15h
La masacre llevada a cabo ayer en la ciudad pakistaní de Lahore es el último episodio de la ola de violencia que parece haberse instalado en el país desde que el general Musharraf dejase la presidencia a Alí Zardari. En esta ocasión, las sospechas del atentado no recaen sobre líderes tribales locales, descontentos con en tenue apoyo que Islamabad brinda a Washington, sino que apuntan directamente a Al Qaeda como elemento distorsionador. Hace no mucho, los islamistas colgaban en internet un vídeo en el que Osama Bin Laden -si es que aún vive- acusaba sin dar nombres a países musulmanes “colaboradores con los infieles”, en clara alusión a Pakistán, Egipto y Jordania, entre otros. Los talibanes en Afganistán han ido paulatinamente recuperando su poder y han extendido su ámbito de influencia al vecino Pakistán, por lo demás siempre receptivo a este tipo de componendas.

Estados Unidos contempla los acontecimientos con suma preocupación. La crisis de Corea no puede distraer a Obama de seguir muy de cerca un problema dual. Por un lado, estabilizar Afganistán y atemperar en la medida de lo posible el peligro talibán. Por otro, seguir manteniendo unas imprescindibles -y sumamente complicadas- relaciones con Pakistán y su nuevo gobierno. El presidente Alí Zardari no tiene el poder de su antecesor, Musharraf, y no se atreve a poner orden en los todopoderosos servicios secretos pakistaníes -ISI-, infestados de islamistas. Diplomacia y firmeza han de ir de la mano si no quieren que el asunto se les vaya de las manos. Y Estados Unidos no puede hacerlo solo. De ahí que, cada vez que se le brinda la ocasión, Obama aproveche para insistir en lo mucho que necesita de la cooperación internacional. Más que nada, porque la batalla que se libra en aquella zona tiene un alcance global, y cualquier país que se precie de defender la libertad está inmerso en ella. Aunque algunos retiren a sus tropas sin previo aviso e ignorando las posibles consecuencias que ello pueda tener. Razones de sobra para seguir muy pendientes de cuanto allí acontece.
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