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La trufa argelina

El "diamante negro" del Sahara cada vez más apreciado en los países del Golfo

miércoles 03 de junio de 2009, 12:58h
La trufa argelina, conocida como "el diamante negro" del Sahara, viaja cada vez más a los mercados de los países del Golfo, donde es muy apreciada por su incomparable sabor, al igual que en Europa y en el propio país magrebí, pese a que su precio no está al alcance de todos los bolsillos.
Este delicioso manjar, "la carne de la tierra", como la llaman desde antiguo los beduinos del desierto, ha conquistado a las clases ricas de países como Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos, Qatar o incluso Siria.

Y son los comerciantes sirios quienes, ante la falta de redes de distribución a nivel local, han encontrado en la trufa argelina un auténtico filón, sobretodo este año en el que las abundantes lluvias caídas en el desierto han proporcionado una cosecha excepcional.

Los sirios adquieren la trufa a cualquier precio y en grandes cantidades a los recolectores del sur argelino para enviarla a los mercados de Europa, Oriente Medio y el Golfo.

Según los datos de la compañía aérea argelina Air Algérie, al menos 30 toneladas se exportaron por semana el pasado enero en los tres vuelos con destino a Dubai, cerca de nueve toneladas a Yeda en Arabia Saudí y otras tantas a Doha o Damasco.

Los sirios pagan 6 millones de dinares argelinos (unos 60.000 euros o 84.000 dólares) por el flete de cada cargamento, que se han multiplicado este año ocasionando no pocos problemas a la compañía aérea argelina.

Air Algérie se ha visto obligada a limitar las exportaciones a 15 toneladas por vuelo ante la falta de medios humanos y materiales para hacer frente al incremento de la exportación del codiciado manjar.

La trufa es un hongo comestible que crece semi-enterrado en los terrenos arenosos y el desierto del Sahara alberga una de sus variedades más apreciadas y cotizadas.

Comienza a crecer de modo salvaje con las primeras lluvias del otoño y se recolecta en primavera, preferentemente poco antes de la salida del sol o del ocaso por los llamados "cazadores de trufas", que las desentierran con las manos bajo la arena.

Conocida también por los habitantes del desierto como "la hija del rayo", la trufa salvaje tiene un alto valor nutritivo en sodio, potasio, fósforo, cloro, calcio, hierro y proteínas.

Suele adoptar formas irregulares, del tamaño del puño de una mano, y en el Sahara hay tres variantes: la pequeña trufa (la más extendida), la blanca (la más conocida) y la negra, la más difícil encontrar y la más cara.

Los beduinos del desierto le han atribuido siempre virtudes terapéuticas e incluso afrodisíacas y muchos la utilizan como medicina natural de efectos tonificantes y laxantes.

La mayoría de las que se recogen se destinan a la exportación por lo que es difícil encontrarla en los mercados del norte de Argelia, donde sólo la venden algunos comerciantes de negocio familiar, como el viejo Bakir, vendedor ocasional de trufa fresca en el mercado de frutas y verduras de El Biar, barrio chic de las colinas de Argel.

Este comerciante recibe la mercancía directamente desde su ciudad natal de Ghardaia, la puerta mozabita del desierto, donde varios de sus primos se han especializado en la exploración y búsqueda del diamante negro, que se vende en la capital a cerca de 1.000 dinares (10 euros o 8,4 dólares) el kilo.

"La trufa es el dinero que crece bajo la arena", afirma Bakir aunque lamenta que haya que venderla lo más rápido posible ya que, sin refrigeración, se pudre a los pocos días de ser desenterrada.

"Es una delicia, tiene un sabor más suave que el de la carne y es muy rica en tortilla, con tomate o también al horno", explica Farida, un ama de casa, cuyo presupuesto no alcanza para comprar trufas, pero a quien sus amigos de Ghardaia le suelen traer algunos kilos de regalo cuando visitan la capital.