Zapatero, un "líder planetario" vapuleado
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
lunes 08 de junio de 2009, 00:52h
Primero: Por mayor distancia de la que el PSOE ganó al PP las elecciones generales de hace poco más de un año (3,5 puntos) ha ganado el PP al PSOE las elecciones europeas (3,7 puntos). Por lo tanto, si aquélla fue una victoria indiscutible de los socialistas, ésta será una victoria indiscutible de los populares.
Segundo: Si comparamos con las elecciones del mismo objeto, es decir la Eurocámara, con casi igual participación el PSOE ha perdido 700.000 votos (5 puntos) y el PP ha ganado 220.000 (un punto).
Tercero: El PP ha recuperado siete puntos al PSOE en una convocatoria nacional en poco más de un año. Mirar ese dato como una frustración de sus expectativas puede pecar de injusto.
No es difícil deducir con estos hechos objetivos que Zapatero ha recibido una sonora bofetada, puesto que fue él mismo quien decidió implicarse en la refriega electoral. Y, sobre todo, sería cicatero no reconocer la victoria de Rajoy y su acierto al elegir como candidato a Jaime Mayor. O, en sentido inverso, la victoria de Jaime Mayor y el acierto de Rajoy al volcarse en la campaña.
El PSOE es muy libre de despreciar estas elecciones porque, en efecto, son escasamente ejecutivas para España. Tiene todo el derecho a considerar incompetentes e inofensivos (cuando no peligrosos ultraderechistas) a los políticos del Partido Popular. Puede, también, excusarse en su derrota por la “crisis global”. Puede mantener la ensoñación de la necesidad histórica de sus victorias exigidas por el progreso de la civilización universal y puede reafirmarse en la altura planetaria de su líder, Zapatero, el gemelo universal de Obama.
Pero, lo cierto es que el PSOE está perdiendo votos a chorros, aunque haya puesto en marcha toda su artillería social, todas sus maniobras de distracción, todas sus promesas populistas y todas sus leyes presuntamente simpáticas para el electorado de izquierdas, como la del aborto.
Los planes ambiciosos de Zapatero no se los creen ni los suyos, aunque bastantes de ellos le sigan votando. Pero los votantes de Zapatero ya conocen su fragilidad, saben que “es de los suyos”, pero también saben que es tremendamente incompetente. Y lo ven, para su inquietud, en la apoteosis de incapacidad de muchos de sus ministros y de los más destacados de sus dirigentes en el PSOE, empezando por la inefable Leire Pajín.
¿Quiere esto decir que Zapatero ya no pueda volver a ganar? Evidentemente no, porque, además de su instinto táctico de “killer” político, desde el Gobierno se manejan resortes eficacísimos, empezando por el BOE y continuando por el respaldo del Estado a los proyectos que más convengan al poder, especialmente en el terreno de los medios de comunicación. Pues si el PP demostró que trafica mal en esos negocios, el PSOE siempre lo ha hecho muy bien (para sus intereses) y Zapatero lo ha demostrado con el montaje de un acorazado mediático entre Prisa y Mediapro como verdadera guardia pretoriana para su imagen. Sin contar los guiños a las otras cadenas privadas, deseosas de entrar en el reparto del pastel, aunque sea con las migajas.
Zapatero contará pronto, además, con el apoyo a su imagen en su papel de presidente de turno de la Unión Europea. Y, antes de las próximas elecciones municipales y autonómicas, tendrá una convocatoria en terreno favorable en las elecciones catalanas.
Es decir, que el camino de la Oposición dista de ser fácil. Pero, con todo y con eso, el revolcón que se ha llevado Zapatero en las urnas tiene muchas lecturas. La primera es su vulnerabilidad, ya demostrada en las pasadas elecciones gallegas. La segunda es su pérdida de credibilidad, porque su figura ya empieza a ser vista como la de los charlatanes de feria, aunque puedan ser simpáticos, que eso es lo de menos para gobernar un país. La tercera es la de su soledad, porque él mismo ha buscado un entorno de pensamiento débil y éste ya no seduce ni a los artistas de la ceja. Y la cuarta es su despego de la realidad, profundamente potenciada por el culto a la personalidad propiciada por su entorno al atribuirle la condición mesiánica de Obama, que si le queda larga al americano, no digamos al español.
En el declive de la galáctica estrella de Zapatero está la clave del futuro político, puesto que bien es sabido que las elecciones las pierden los gobiernos, no las ganan las oposiciones.
Pero, hablando de oposiciones, no está de más mirar al PP. Rajoy ha obtenido, gracias a un candidato que representa los principios no “revisados”, lavados o centrifugados, de la derecha democrática española, un soplo de aire fresco, de esperanza. Pero está por ver que esté construido el liderazgo que dé el plus de confianza para el momento decisivo de las generales.
Cuenta Rajoy con un electorado bastante firme. Pero no absolutamente entregado. Tendrá que ganárselo, porque si Rajoy mantiene los votos del PP, es difícil que Zapatero mantenga a sus propios votantes, que ya han demostrado que empiezan a cansarse de los trileros políticos, de ser pacientes de experimentos sociales, de tragar las ruedas de molino de la burda agitación y propaganda del PSOE.
Aunque Zapatero no lo crea, sus votantes quieren un Gobierno eficaz para España, y no que el Gobierno utilice a España como laboratorio de sus genialidades. Pero eso es pedirle mucho a Zapatero.
Mucho más fácil es pedirle a Rajoy que esté donde están sus electores; que es, por cierto, donde siempre estuvieron. Y que deje los experimentos para Zapatero y ponga en marcha el sentido común, que es su principal virtud, para recuperar a un electorado, el suyo, que, en una parte no insignificante, tiene que buscar excusas para votarle.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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