Berlusconi, entre Gadafi y Kaka, gana las elecciones pero pierde el plebiscito
jueves 11 de junio de 2009, 23:48h
Si hemos de creer lo afirmado en su campaña electoral, para Silvio Berlusconi, las elecciones europeas iban a ser un plebiscito entorno a su figura y a la acción de su gobierno. Sin embargo, el resultado obtenido por su partido, el Pueblo de la Libertad (Pdl), ha sido inferior al esperado, recibiendo un 35,2%, un diez por ciento menos de lo esperado y anunciado. Por eso, el Cavaliere, frustrado, al parecer, por el resultado, culpó del mismo al escándalo surgido por su controvertida amistad con la joven Noemi Letizia, a las polémicas familiares con su ex esposa, Veronica Lario, e incluso a la venta del delantero brasileño Kaka al Real Madrid. Asimismo atribuyo parte del resultado negativo a los conflictos internos de su partido en Sicilia y al abstencionismo.
La Italia que sale de las urnas europeas parece menos bipolar y, aparentemente, menos berlusconiana de la que hace un año: si bien no ha habido un plebiscito a favor del presidente del Consejo, tampoco se ha puesto en discusión de forma manifiesta la acción de su Gobierno, poco incisiva y escasamente eficaz, ampliamente obscurecida por la vida privada de Berlusconi. El 35% está lejos de representar un resultado “negativo” en sí mismo, salvo por las desmedidas expectativas que el propio premier italiano había creado. Por eso, se puede considerar un resultado positivo, si tenemos en cuenta las numerosas polémicas (sobre todo internacionales, el “complot” de Murdoch como repite el Cavaliere) y las críticas del mundo católico. Al mismo tiempo, puede interpretarse también como una “derrota”, ya que Berlusconi ya no aparece invulnerable y su imagen, que ha sufrido un duro golpe, pierde credibilidad frente a su entregado electorado.
Mientras tanto, el líder libio, Muamar al-Gadafi, realiza su primera visita a Italia, generando críticas y alimentando polémicas (como la retadora fotografía en blanco y negro que lucía en el pecho y en la que estaba retratado el héroe de la resistencia anticolonialista italiana, Omar al-Mukhtar). Gadafi, olvidando su pasado de terrorista, ha atacado a los Estados Unidos y se ha reunido con Berlusconi para discutir del tema migratorio, ostentando, en la negociación, su posición privilegiada, debida a la posesión de ingentes cantidades de petróleo. Una vez más, el oro negro se convierte en el discriminante de la discusión y permite a un país más que cuestionable de esta área geográfica asumir una postura fuerte. La visita de Gadafi podrá complicar la posición italiana respecto a los EEUU, que podrían manifestar su incomodidad frente a la nueva política exterior del Gobierno
La democracia “carismática y populista” de Berlusconi muestra sus límites: el intento de consolidar su marcha hacia un gobierno sin controles, con el anunciado plebiscito personal del 45%, ha sufrido un duro golpe. Mientras tanto, el Estado de derecho en Italia sigue deteriorándose, con un gobierno que promulga la mayoría de las leyes en forma de decretos, para evitar así el debate parlamentario. Siguiendo una teoría –y una praxis- preocupante, que se va difundiendo en Europa, Berlusconi considera las elecciones como un mero viático, para luego ejercer de forma “ilimitada”, o bien incontrolada, su poder. La tradición y la lección de Montesquieu parece olvidada, pretendiendo que un determinado resultado electoral tenga un carácter absoluto que todo lo representa, todo lo justifica y todo lo borra. Pero esa idea plebiscitaria de la democracia no responde a nuestra tradición occidental. Es cierto que la política-espectáculo de Berlusconi, su actitud mitómano-mujeriega, sigue seduciendo a los italianos. Sin embargo, parece que los votantes empiezan a cuestionar sus chistes, su estilo machista y su populismo oportunista. Esperemos que el hecho de que, en esta jornada electoral, los electores italianos le hayan recordado a Berlusconi que en Europa queremos elecciones en lugar de plebiscitos, sea el principio de una sana reacción ciudadana.