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Prácticas españolas

sábado 13 de junio de 2009, 18:59h
La leyenda negra sobre España sigue viva, a juzgar por un comentario de Nick Robinson, el editor político de la BBC, quien tachó el escándalo de los gastos de los diputados británicos de “prácticas españolas.” Unas prácticas que podrían tumbar el Gobierno laborista de Gordon Brown cuyo partido sufrió una derrota en las elecciones europeos que no tiene paliativos y se resiste a convocar elecciones anticipadas.

El término Spanish practices es una expresión popular inglesa usada para referirse a prácticas irregulares o restrictivas en interés de los trabajadores. Habitualmente, se trata de acuerdos que han sido negociados en el pasado entre los empresarios y los sindicatos, pero que no se ajustan a la práctica empresarial moderna. Un ejemplo de tales prácticas eran horas extras pagadas dentro de las horas normales de trabajo, por ejemplo después de que los trabajadores hubieran completado antes de lo normal sus rondas diarias de entregas.

La expresión data de la era de la Reina Isabel I de Inglaterra (1533-1603) y la Armada (supuestamente) Invencible. William Cecil, primer barón Burghley, describió a Sir Thomas Tresham como "no dado a prácticas españolas", en referencia a prácticas católicas, que en aquel tiempo estaban prohibidas en el Reino Unido. En 1584, otro secretario de la Reina, Francis Walsingham, se refirió a las "prácticas españolas" en el sentido de que eran "engañosas, pérfidas y traidoras". Es el sentido actual de la expresión.

En el caso a que se refiere Robinson, los trabajadores son los miembros de la “Madre de los Parlamentos” quienes fijaron sus propias reglas para sus gastos. Los detalles fueron publicados en el periódico Daily Telegraph, gracias a la Ley de Libertad de Información, y provocó la ira de gran parte de mis compatriotas. Entre los gastos más polémicos esta uno de 2.000 euros del diputado conservador Douglas Hogg para limpiar el foso de su finca, uno de menos de un euro de Jaqui Smith, Ministra de Interior, quien compró un tapón para su baño y uno de cinco euros de su esposo para dos “películas adultas”. Smith y Hazel Blears, ministra laborista de Comunidades, quien no pagó impuestos por la venta de un piso, fueron reemplazadas en el reciente remodelación del Gobierno.

Alrededor de 30 parlamentarios de los dos principales partidos se verán obligados a abandonar sus cargos de aquí a los próximos comicios, según una proyección, mientras que unos 200 se retirarán para no tener que enfrentarse al enfado de los ciudadanos incluyendo a mi lúcida madre de 94 años quien ha puesto a los diputados en el mismo saco que los altos ejecutivos banqueros que cobraron sueldos exorbitantes a pesar de su mala gestión.

Tampoco son buenos tiempos para la clase política española. Según el barómetro de DYM, el 47% de los ciudadanos calificaron la situación política actual de mala o muy mala. Muy atrás quedan los tiempos en que tan sólo un 30% de la población pensaba que la situación era tan negativa. Y esto sin un escándalo tipo británico entre los diputados en las Cortes. ¿Quien puede imaginarse a uno de estos diputados dimitiendo por un asunto de 2.000 euros, sin hablar del asunto valenciano de los trajes?

No faltan malas prácticas (españolas o inglesas) en los partidos políticos españoles. El reciente informe del Grupo de Estados contra la Corrupción (Greco), un organismo dependiente del Consejo de Europa, denuncia a los partidos españoles por ser opacos en sus cuentas a nivel local. Poco o casi nada se conoce de las finanzas de fundaciones y empresas que funcionan a su alrededor. Dicen los expertos que “han podido confirmar una mala práctica en la esfera local donde los riesgos de corrupción son particularmente altos.”

No es ningún secreto que los partidos españoles se nutren de la corrupción urbanística, a gran diferencia del Reino Unido, donde más que corrupción había abusos por los diputados de un sistema de gastos, creado por ellos, que ya se está cambiando. Ojalá que los políticos españoles se vieran forzados por sus votantes a cambiar algunas de sus prácticas.
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