www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Don Tancredo Rajoy

José Antonio Sentís
x
directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 16 de junio de 2009, 21:46h
Algunos lectores de EL IMPARCIAL me han reprochado con correcta discrepancia que elogiara el triunfo (indirecto) de Rajoy en las europeas. Sigo considerándolo un hecho meritorio, pues ganar a un partido en el Gobierno con una legión de apoyos mediáticos, fundamentalmente televisivos, no es nada fácil. Y ganar al discurso populista del zapaterismo con una llamada racional a la lucha contra la crisis, todavía era más complicado.

Y, sin embargo, el partido de Rajoy ganó con todas las de la ley. Independientemente de que las bases de su triunfo estuvieran repartidas entre la pérdida de credibilidad de Zapatero, a quien no se creen ni los suyos, y la presencia sensata de Jaime Mayor en la campaña. Además de la contribución al éxito del PP propiciada por la histérica propaganda de Leire Pajín desde el laboratorio socialista.

Pero las elecciones europeas ya son parte de la historia. Es cierto que permiten un respiro a Rajoy, pero sólo para que demuestre en los próximos tiempos que se va a ganar el próximo pan si utiliza el sudor de su frente.

Y aquí viene la segunda parte del drama que conducirá a las próximas elecciones generales. ¿Está dispuesto Rajoy a dejarse la piel en el combate, o piensa más bien que su enemigo se retirará sin plantar batalla?

Porque hay que reconocer que Rajoy puede ser ambicioso, y los hechos lo demuestran, pero no su actitud. Sabemos que quiere dirigir el PP y ganar las elecciones, pero ambas cosas las hace con distancia, como con disimulo.

Por el momento, Rajoy parece sumamente decidido a aparentar indecisión. Y su actitud ante la imputación en primera instancia del tesorero del PP, Luis Bárcenas, por presuntos delitos de cohecho y fiscal, parcen corroborar este diagnóstico.

No es de extrañar que Rajoy saque de quicio a los suyos, pues parece tener sangre de horchata (sin decir por ello que sea mala la horchata). Pero es obvio que está arriesgándose muchísimo al no querer arriesgar nada.

De todas las alternativas que tenía Rajoy ante la imputación al tesorero de su partido, ha elegido la del respaldo sin compromiso o, si se prefiere, la del compromiso sin respaldo. Podía haber dictado una suspensión preventiva, hasta que se aclare el asunto. O una admonición aplazada, por si el asunto se confirma. En fin, podría haber hecho algo, y ha decidido no hacer nada.

Su postura se puede calificar cariñosamente como la del Don Tancredo de las antiguas fiestas taurinas. Y explico para los lectores hispanohablantes que no estén familiarizados con esa figura, que era la del personaje que se sentaba estático en el centro de la plaza cuando salía el toro, por si éste lo ignoraba. Siendo, por cierto, que en muchas ocasiones no lo hacía, y el quieto e indefenso Don Tancredo era arrollado sin contemplaciones por el animal.

Rajoy ha decidido ser Don Tancredo en la mediática trama contra un grupo no menor de aprovechados políticos, en este caso del PP. Y no son pocos los que hubieran deseado que utilizara las artes del toreo para mandar en la plaza, en lugar de esperar a que el toro no adviertiera su presencia.

No sé si él lo sabe, o si le interesa, pero ese Rajoy pasivo pone de los nervios a una parte no irrelevante de su electorado. Además de alentar a las desinfladas huestes de Zapatero, que no saben a qué clavo ardiendo agarrase, porque el pobre presidente del Gobierno no da una, ni con plan E, ni con la operación ICO, ni con la campaña Z.

Yo no digo que Rajoy no tenga razón al quedarse sentado en la puerta para ver pasar el cadáver de su enemigo, como reza el proverbio. Lo que sostengo es que hay que dar la cara cuando las cosas se ponen difíciles, y no esconderse tras los dilatados procesos judiciales para tomar la decisión cuando ya sea irreversible la situación.

Porque esta pasividad puede traducirse por los enemigos de Rajoy, que también lo son de su partido, en miedo a que se descubran implicaciones superiores a las ya conocidas, y que la protección indirecta al tesorero es una forma de garantizar su silencio. Y dejar sembrada esa duda es dar demasiadas bazas al adversario.

Este asunto no es, seguramente, decisivo para Rajoy. Pero no le beneficia en lo absoluto. Y ya ha cumplido con la numantina defensa de Camps. No tiene por qué sostener hasta el límite a Bárcenas, el antedicho tesorero de su partido, porque no da la impresión de que el Supremo tenga mucho interés en exonerarle, tras el duro auto del Tribunal Superior de Madrid.

La verdad es que, a estas alturas del partido, no se entiende que Rajoy no haya encontrado una salida, como, por ejemplo, la dimisión pactada del tesorero. Pero, en fin, tal vez éste tenga motivos para defender su, ahora improbable, inocencia. Y, si es así, si Bárcenas es inocente, Rajoy lo habrá hecho muy bien. Y, si no, Rajoy habrá demostrado que el sentido común del que presume es el menos común de todos los sentidos.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios