En el centenario del nacimiento de Juan Carlos Onetti, su narrativa seduce más que nunca. Ni sus cuentos, ni sus novelas ni su persona defraudan. El maestro uruguayo recibe estos días los elogios de escritores y de estudiosos de la literatura, que lo ensalzan como uno de los literatos modernos por excelencia. Auténtica y cargada de complejidad, no hay duda de que la lectura de su obra comienza y termina maravillando. La Casa de América, la editorial Alfaguara, la Embajada de Uruguay y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, han emprendido esta semana en Madrid un gran y emotivo homenaje a Juan Carlos Onetti
La
Casa de América, la editorial Alfaguara, la Embajada de Uruguay y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales
(SECC), han emprendido esta semana en Madrid un gran y emotivo
homenaje a
Juan Carlos Onetti, con motivo del
centenario de su nacimiento. A través de conferencias, mesas redondas y publicaciones, el legado del escritor uruguayo y su persona serán repasados hasta el 2 de julio.
Por su parte, la editorial Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores ya ha anunciado que prepara la publicación del tercer y último volumen de las
Obras completas de Juan Carlos Onetti, que incluye el
cuento inédito El último viernes: un relato que escribió a lápiz en un cuaderno de tapa dura y sin renglones a principios de los años 50. Además, Alfaguara ha elaborado una
nueva edición de
Cuando ya no importe, última novela de Onetti.
"El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo"
Desde el momento en que Onetti comenzó a escribir, tuvo la costumbre de zambullir a sus personajes en un
mundo nuevo. Lo ha dicho esta semana
Mario Vargas Llosa en Madrid en los actos del centenario: “En todas sus historias hay al menos un personaje que siente que la vida es intolerable y se fuga a un mundo que inventa, así como a la ficción y a la imaginación”. Fue la coherencia que imprimió a sus relatos lo que, a juicio del novelista, lo diferenció por encima de otros y por lo que es considerado como
“el primer narrador moderno de nuestra lengua”. Es primordial comprender cómo son
los personajes que llenan las páginas de
El pozo (1939) o
La vida breve (1943) para conocer su obra.
Roberto González Echevarría, catedrático de la Universidad de Yale y miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, los describe como “víctimas propiciatorias que no son del todo conscientes del porqué de las calamidades que sufren”.
Pablo Rocca, de la Universidad de la República en Montevideo y prologuista del III tomo de sus Obras Completas, los califica de “decadentes, nihilistas o escépticos”. Vargas Llosa va más allá al afirmar que “no hay personaje adulto de Onetti que no esté corrompido".
"No escriban jamás pensando en la crítica"Están los personajes y está el mundo que creó Onetti; el mundo que inventa y que se aferra a lo imaginativo para huir de los sentimientos de
derrota y de frustración, tan presentes en su persona y en su obra. Vargas Llosa conceptúa ese mundo del escritor como “negro y pesimista, además de una porquería y una desesperación”. A juicio de Rocca, Onetti buscó siempre crear “mundos nuevos sin negar el mundo en el que vivía”. Unas idas y venidas, dice
Ángel Esteban, profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Granada, de la realidad a la fantasía "que desembocan en un tipo de realismo ambiguo, equívoco e inquietante, que deviene en una serie de preguntas sin respuesta segura”. Un tipo de literatura que, según
Juan Carlos Palazuelos, profesor de la Universidad chilena Adolfo Ibáñez, “irrumpe de manera profunda en el mal, deteniéndose de forma obsesiva y cruel en la vida de seres fracasados que luchan –sin éxito- por compensar su dolor a través de la imaginación”. Por último,
Victorino Polo, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Murcia, dice de Onetti que “permaneció inmerso en la configuración de su propio mundo creador, cuya manifestación más evidente es el
territorio de Santa María; un microcosmos equiparable al Macondo de García Márquez, al condado de Yoknapataupha e incluso al universo de Torrente Ballester en
La Saga/Fuga de JB”.

En la creación de ese mundo nuevo,
la coherencia fue lo que diferenció a Onetti. Según Victorino Polo, “su plan responde a levantar un universo coherente, pleno de sutiles relaciones internas, bien ahormado y proyectivo de su propia personalidad”. Algo similar a lo que sostiene Vargas Llosa: “Escribía sobre sus obsesiones con una
entrega total que da el rasgo definitivo de autenticidad a sus textos. Entendía la escritura como un sacrificio de sí mismo”.
"No se limiten a leer los libros ya consagrados"A Onetti se le reconoce haber introducido la
modernidad en las letras latinoamericanas. La lectura de los fundadores de esta corriente -entre ellos
Faulkner, Joyce o Proust-, marcó un punto de inflexión en su trayectoria. “Los leyó, pero también
los aprovechó”, matiza Vargas Llosa cuando reflexiona sobre su técnica. “Onetti, junto a Alejo Carpentier, Augusto Roa Bastos, o Juan Rulfo, adaptó elementos de la narrativa de vanguardia europea y norteamericana a temas narrativos de América Latina”, dice González Echevarría. “Cuando casi todos estaban ocupados y preocupados por el realismo, Onetti se manifestó como uno de los escasos
escritores existencialistas en profundidad”, considera Victorino Polo. Una técnica que Pablo Rocca define como el
efecto Onetti: “Historias que se rehúsan a cualquier reducción argumentativa, narradores ambiguos y situaciones difusas y opresivas”.
La publicación de
El pozo, en 1939, marca un antes y un después en la literatura hispanoamericana. Según Vargas Llosa, “el realismo (costumbres, marginación, crítica política, etc.) se supera y pasa a ser una
literatura del pasado”. Y todo lo logra un hombre a quien le gustaba pasar inadvertido, hasta el punto de que son muchos los que coinciden en afirmar que a Onetti la fama le llegó tarde. Vargas Llosa sostiene que “su vocación literaria se había convertido en una función orgánica”, lo que demuestra que “escribía por necesidad”. Rocca piensa que “asumió la escritura
como problema y como destino”.
"Escriban siempre para ese otro que llevamos dentro"
Ajeno a los círculos de la vida literaria, el gran escritor uruguayo parecía disfrutar de su propia
soledad, de su silencio y timidez. Para el profesor Polo, Onetti tenía un “carácter peculiar y una compleja psicología”. Palazuelos lo veía “entrañablemente
tímido”; un hombre que “aceptó y buscó tenazmente la soledad y la radical y permanente introspección”, así como Esteban destaca que “una profunda desazón recorre la obra del uruguayo, que sólo encuentra refugio en el acto de escribir en soledad”. Vargas Llosa admite que aunque no llegó a tratarlo mucho, lo recuerda como un hombre “muy tímido y callado; alguien a quien el público le espantaba”. Una persona que
“carecía de vanidad”.
Pero más allá del desasosiego que imprimía a sus obras y a sí mismo,
Onetti era divertido. Así lo ha manifestado esta semana Vargas Llosa en Madrid al recordar alguno de sus encuentros. El profesor Esteban recupera una de aquellas
anécdotas cuando relata cómo Onetti solía afirmar que “sus relaciones con la literatura y el oficio de escritor eran adúlteras, porque se basaban en la ausencia de compromiso, en el placer y en la absoluta falta de planificación, mientras que la obra de otros como Mario Vargas Llosa denotaba unas
relaciones matrimoniales con la literatura, pues el peruano se imponía una disciplina, un orden y un sentido del deber casi religioso”.
--- Nota: las citas entrecomilladas de los epígrafes corresponden al famoso decálogo de Juan Carlos Onetti Decálogo más uno para escritores principiantes"