ETA, inmundicia nacionalista
sábado 20 de junio de 2009, 02:53h
El asesinato del jefe del Grupo de Vigilancias Especiales de la Brigada de Información de Bilbao, Eduardo Antonio Puelles García, es una muesca más en la siniestra trayectoria de ETA. Pero es también la constatación de que nada ha cambiado ni cambiará en el entorno del nacionalismo radical, por más que algunos se empeñen en no enterarse. La banda terrorista lleva demasiados años causando estragos y dolor. Tiempo durante el cual ha podido replantearse muchas cosas, o al menos una: con la violencia sólo se alcanza el sufrimiento, que no meta política alguna.
Eduardo Antonio Puelles García era ante todo una persona que cumplía con el deber de proteger a sus conciudadanos de criminales como los que le han asesinado. Todos los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se saben objetivos potenciales de ETA. Pese a todo, desempeñan día a día su cometido con la amenaza de saber que, en cualquier momento, puede sucederles lo que a Eduardo. Al menos ahora saben que el actual Gobierno vasco no les dejará de lado, en detrimento de los que ponen las bombas. Que la sociedad española en pleno está con ellos. Y la sociedad vasca en particular decidió en las urnas que los tibios y los complacientes debían dejar de gobernar, para dar paso a los que condenan sin ambages salvajadas de este tipo.
De momento, hay unidad política a la hora de condenar una acción tan execrable. Únicamente los de siempre -esos que a última hora respaldó incomprensiblemente el Tribunal Constitucional para poder concurrir a la Eurocámara y a los que la ciudadanía puso en su sitio a través de las urnas- se acogerán a inmorales subterfugios para no condenar una muerte cruel e injusta. Pero al menos ahora saben que ya no pueden acogerse al siempre disponible paraguas nacionalista. Y saben igualmente que la sociedad no está con ellos, ni con los que ponen las bombas ni con los que las justifican. Que no hay más salida que el abandono de las armas. Y que el Estado de Derecho hará caer sobre ellos todo el peso de la ley. Gobierne quien gobierne. Ese es el mensaje que ahora debe enviarles el Gobierno. Con toda firmeza.