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LA RENUNCIA DE FIDEL: REACCIONES

miércoles 20 de febrero de 2008, 23:49h
Ya decíamos ayer que había que estar pendiente a las reacciones que iba a suscitar la renuncia de Fidel. Y que, amén de las de Estados Unidos y Europa, eran de esperar las de los "amigos" del régimen. Dos de las más llamativas han procedido de sendos personajes ciertamente peculiares: Hugo Chávez y Evo Morales. En cuanto al primero, no sorprende el habitual tono vehemente en el que fueron hechas sus declaraciones. Tampoco debería extrañarnos la rabieta del que ve cómo se acaba una película que desea seguir viendo pero que no quiere que finalice. "¡Cuál renuncia!", exclamaba el iracundo líder bolivariano, ante la posibilidad de cambios políticos en la isla tras la marcha de Fidel. Añadía el mandatario venezolano que lo único que había hecho Fidel era "adelantar su decisión de dejar paso a otros", en un claro ejemplo del continuismo anhelado por Caracas. Sin embargo -y dejando a un lado la imagen colorista e histriónica de nuestro caudillo bolivariano- la puntualización de Chávez no deja de ilustrar un punto interesante: Fidel se retira pero no está dicho que deje el poder y que, de algún modo, no siga tutelando un cambio para que todo continúe más o menos igual con un Caetano al frente que, en el caso caribeño, es su propio hermano Raúl.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, ha ido más allá, calificando como "democrática" la decisión de Fidel. Este antiguo sindicalista cocalero ya protagonizó una anécdota en su primer viaje oficial tras ganar las elecciones en su país. El destino, España, y su atuendo, la "champa", esa especie de jersey andino que tanto ha popularizado después. Cuando se presentó vestido de esa guisa en una recepción oficial en Madrid y justificó su indumentaria aludiendo a su origen indígena, alguien le respondió "tranquilo, ya aprenderás". Pues parece que no ha aprendido mucho, no. Porque el señor Morales debería saber que una democracia es lo que permite que haya elecciones libres, y en Cuba, de momento, no hay atisbo alguno de que eso vaya a suceder. Y es que el hecho de que pueda haber cambios en la isla no parece gustar a muchos.

Tanto es así que el propio líder del Partido Comunista de España (PCE), Francisco Frutos, ha señalado que "la revolución cubana no se acaba con Fidel Castro y continuará en el futuro". No deja de resultar chocante que alguien que vive en Europa y cuya formación hace gala de la bandera de la libertad se atreva a sugerir que la dictadura debe seguir en Cuba. Porque, como decíamos ayer, quien tiene que hablar ahora es el pueblo cubano, y ha de poder hacerlo en libertad. Libertad de la que carece desde hace 49 años. El resto, es deseable que no asuma otro rol que no sea el de espectador, cuando no de cooperante. Pero eso sí, cooperando con la ciudadanía, en lugar de coadyuvar al mantenimiento de un régimen totalitario donde la libertad brilla por su ausencia.

NO SOCIALIZAR LAS PÉRDIDAS


Los afectados por el presunto fraude de Fórum y Afinsa se han vuelto a manifestar estos días exigiendo atención por parte de las administraciones y pidiendo, en última instancia, que el Estado se haga cargo de las pérdidas de los ahorradores en estas dos sociedades. Como han formulado sus quejas en plena campaña electoral, los partidos no han podido sustraerse al debate de esta cuestión, y mientras que el PP ha prometido que desde el Gobierno repondrá la totalidad de los ahorros con dinero público, el PSOE, por boca de su secretario de organización, José Blanco, ha criticado que todos tengamos que pagar las pérdidas de algunos.

Blanco acierta en el fondo, yerra en las formas. No se trata en general de tiburones de las finanzas, sino de pequeños ahorradores. Pero es cierto que es inaceptable la pretensión de hacer privados los beneficios y socializar las pérdidas. Los inversores están sometidos a la servidumbre de la libertad, que es la de ser responsable de los propios actos. E igual que esa responsabilidad les otorgaba el derecho a los altos intereses prometidos por Fórum y Afinsa, también les obliga a hacer suyas las pérdidas, ahora que se han producido. No pueden hacer pagar al Estado, es decir, al resto de los ciudadanos, por una elección de inversión libremente tomada.

Resulta del todo significativo, y aleccionador, el papel que en este asunto han tenido los órganos reguladores. Por un lado justifican su propia existencia basándose en que, sin ellos, se producirían fraudes como el que, en principio, hemos asistido en este caso. Pero por un lado son incapaces de evitarlos y por otro, llegado el caso, se quitan de en medio. A los afectados les asiste el derecho de llevar a las empresas a los tribunales, pero también a reclamar ante los organismos reguladores. Pero no a hacer partícipe al conjunto de la sociedad de las pérdidas.

Este episodio es claro ejemplo de un problema de nuestra sociedad, y es la falta de cultura financiera. Un mejor conocimiento de este mundo habría hecho ver a los ahorradores que estas dos compañías seguían un esquema piramidal, que paga los altos rendimientos con la llegada de nuevos clientes. Esa estructura de negocio, que está considerada por nuestra legislación como un fraude, no es sostenible a largo plazo. No podemos dejar de apuntar que ese es el mismo principio en que está basada la Seguridad Social y es lo que le hace insostenible a largo plazo, como apuntan todos los analistas. Esperemos que los desgraciados acontecimientos asociados a estas dos empresas animen a muchos a adquirir un mejor conocimiento del mundo financiero.

AVANCES TECNOLÓGICOS


Cuando el próximo 9 de marzo echen el cierre los colegios electorales de España, todo el mundo estará pendiente de los resultados, deseando tener datos de un primer escrutíneo más pronto que tarde. Es éste uno de los signos de avance de un país: que tras la celebración de comicios, y una vez efectuado el recuento de votos, los resultados se conozcan a la mayor brevedad posible. Será una empresa española, Indra, la encargada del recuento y transmisión de datos el 9-M. Su director de procesos electorales, Jesús Gil-Ortega ha dicho que esta vez no habrá experimentos de voto electrónico, pero deja abierta la puerta a posibles cambios tecnológicos en el futuro. Además, la novedad de estos comicios será el reparto de 11.000 PDA (agendas electrónicas) en algunas mesas electorales, desde la cuales se transmitirán datos al Centro de Recepción situado en el Palacio de Congresos de Madrid.

Todo lo que suponga un progreso en la calidad y ejecución de procesos administrativos, bienvenido sea. Esto en cuanto a las elecciones, pero deberíamos hacer una reflexión de cómo la tecnología nos afecta en nuestro devenir burocrático cotidiano. Hoy es posible cumplir con Hacienda por internet, solicitar certificaciones oficiales, presentar denuncias, consultar boletines, pero no basta. A principios de la legislatura, el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, incidía en la necesidad de agilizar el funcionamiento de la Administración poniendo para ello la tecnología al servicio del ciudadano. Y el caso es que, a día de hoy, algo tan simple como renovar el DNI, el Pasaporte o realizar determinadas gestiones en organismos oficiales (algunos Registros Civiles están totalmente colapsados, y la gente duerme a la intemperie para poder obtener uno de los escasos números que dan derecho a ser atendidos) puede resultar una auténtica pesadilla. No perdamos este tren. No nos conviene.
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