Un centenar de opositores tunecinos se han reunido en la segunda quincena de junio en Ginebra, para formar la Organización Internacional de Exiliados Tunecinos (Oidet), un colectivo que reivindica colectivamente su derecho a volver al país, basándose en la actual constitución que garantiza la seguridad de desplazamiento de todo ciudadano, cualquiera que sean sus convicciones políticas.
La mayoría de los exiliados pertenecen a la nebulosa de la organización islamista Ennahda, pero hay también entre ellos un grupo de liberales, de comunistas y de otras tendencias democráticas laicas.
El núcleo duro de estos intelectuales críticos al régimen del
Presidente Zine El Abidine Ben Ali, han hecho además un llamamiento al boicot de las próximas elecciones presidenciales de octubre, por considerar que no están reunidas las condiciones mínimas de respeto a las normas democráticas.

El régimen tunecino se encuentra acosado por la propagación imparable de informaciones y noticias a través de la red. Los “censores oficiales”, que antaño hacían de sus deseos ley, no consiguen frenar la difusión de noticias, no siempre verificadas ni fiables, que afectan a la clase dirigente o al orden público. Una profesora de Universidad,
Jediya Arfaui, acaba de ser condenada por un tribunal de Túnez a ocho meses de prisión por haber difundido en
Facebook el texto de un rumor que había recibido en su buzón concerniente al rapto de unos niños de una guardería de la capital por un grupo de encapuchados que se sospecha pertenecientes a una banda de delincuentes dedicada al tráfico ilegal de órganos.
La Justicia tunecina ha querido parar en seco el escándalo que en pocos días se había extendido por amplios sectores de la clase media en Túnez. Hasta el punto que el periódico oficialista
Le Temps anunciaba hace unos días que “la Policía había detenido a la persona propagadora de dichos rumores”. Respuesta de la sociedad civil a la detención y condena de la doctora Arfaui “la dama es víctima del propósito de la ciber-policía de castigar a los internautas”. En efecto, a pesar de que Túnez posee el poco reputado título de ser uno de los países del mundo en el que la censura de Internet es más dura, junto a China e Irán, la difusión de informaciones en la red es imparable.
Pero no es esta la única preocupación de los servicios de seguridad tunecinos. La posibilidad de atentados terroristas ocupa una gran parte de la agitación de los servicios especializados. El abogado
Samir Ben Amor ha informado este fin de semana que “dos militares tunecinos de 32 años han comparecido ante un tribunal, acusados de estar implicados en un proyecto de atentado contra mandos militares norteamericanos”. Los dos tunecinos, oficiales del Ejército del Aire, estaban organizando un atentado terrorista en la base aérea de Bizerta, contra un grupo de militares de la Sexta Flota que se encontraban en el país en el marco de la cooperación militar conjunta.
No se trata del primer caso de un militar acusado en virtud de la Ley antiterrorista. Hace unas semanas, un suboficial de la base de Kasserin, fue condenado junto a otros 21 imputados de “pertenencia a organización terrorista”, con sentencias de 3 a 8 años de cárcel. Una condena que podría estar relacionada con la desarticulación de un grupo extremista, adherido al llamado “Partido de la Liberación”, una organización islámica creada en Jordania y que predica la instauración de un Califato islámico en el mundo árabe-musulmán.

Las organizaciones de derechos humanos tunecinas hablan por su parte de más de dos mil detenidos en Túnez acusados de vínculos terroristas. El ministro de Justicia, Bechir Bekkari, afirma que la cifra no supera los 300 arrestados.
División frente a las PresidencialesMientras que la oposición radical, formada por corrientes tan dispares como el movimiento islamista Ennahda de
Rachid Ganuchi, o el laico de
Moncef Marzuki, presidente del Congreso por la República, llaman al boicot de las elecciones de otoño, otros grupos más moderados, como el Partido Demócrata progresista, el partido Etajdid (ex comunista), o el Foro Democrático por el Trabajo y las Libertades, se reservan el llamar a sus seguidores a participar en los próximos comicios. Aún a sabiendas de que el candidato oficial, Zine El Abidine Ben Ali que aspira a un quinto mandato, arrasará con más de un 80 por ciento de votos garantizados. Aunque también es verdad que ha sido gracias a la intervencion personal del presidente que el candidato de la oposición, el doctor Mustafá Ben Jaafar, hombre de reputación íntegra, podrá presentar su candidatura.
Sin embargo, otras nubes empañan el horizonte oficialista del régimen. El Consejo Superior de la Organización de la Mujer Árabe, que se ha reunido el 25 y 26 de junio en Túnez bajo la presidencia de la primera Dama tunecina, Leila Ben Ali, ha sido un fracaso. De las 22 esposas de Reyes, Emires y Jefes de Estado árabes que lo componen, sólo tres aceptaron acudir a la cita: la joven esposa del rey de Marruecos, Lella Selma, la viuda del antiguo presidente de los Emiratos, cheija Fatima Zayed, y la mujer del líder palestino Mahmud Abbas, Um Abbés. El resto de primeras damas boicotearon el encuentro, más o menos motivadas por el trato “inadmisible” que el régimen tunecino dio a la viuda de Yasser Arafat, Souha, a quien no solo se le retiró la nacionalidad tunecina, sino que vio confiscados todos sus bienes en la capital tunecina. Algo que no se hace en una sociedad en la que la tradición hospitalaria es ley.