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El precio de Zapatero

María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
domingo 12 de julio de 2009, 16:54h
Confucio decía que “donde hay Justicia, no hay pobreza”. Si el sabio estaba en lo cierto, se avecinan días aciagos para España o, al menos, para algunas regiones de nuestro país, porque el reparto que ha hecho el Gobierno de los recursos económicos entre las distintas comunidades autónomas no puede ser calificado de “justo” cuando Cataluña se lleva cinco puntos más que la media.

Bravo por los políticos catalanes que han sabido negociar con el Ejecutivo y pelear hasta el último céntimo de euro de la financiación autonómica. Lo han hecho tan bien Ridao y sus secuaces que incluso le han sacado al Gobierno más de lo que pedían (querían 3.800 millones de euros y se llevarán 55 millones extra), porque saben muy bien lo que Zapatero quiere a cambio y lo mucho que les necesita.

Mientras en Cataluña se frotan las manos y estudian ya cómo administrar ese dinero, el Gobierno, impertérrito, continuará sin despeinarse como si aquí no hubiera pasado nada.

Seguro que en los próximos días, cuando se les pregunte por semejante desequilibrio, Salgado, De la Vega, Chaves y el mismísimo Zapatero esgrimirán mil y una excusas, ponderables, factores a tener en cuenta, etc., para justificar su decisión. Pero según la Real Academia Española, justificar significa, entre otras acepciones, rectificar o hacer justo algo. Y, que yo sepa, sólo se puede hacer justo algo que antes no lo era, como es el caso.

Lo que no creo que haga ninguno de ellos es explicarle a un señor de Murcia, a una pensionista de Albacete o a un parado de Asturias por qué ellos merecen menos que un ciudadano catalán que es tan español como ellos.

Debería preocuparnos este indicio de desesperación ante la posibilidad de que perdure un autismo político que ya se le hace insoportable a nuestro presidente y que le lleva a cometer torpezas tan evidentes como esta o a disponer de un dinero que no es suyo, que es de todos y cada uno de los españoles, de forma arbitraria e interesada favoreciendo a quien le interesa.

No sé cuál de los dos supuestos es el acertado pero ambos son injustos, y ya sentenció Quevedo que “donde hay poca Justicia es grave tener razón”. Ojalá nos estemos equivocando todos los que hoy, con las cifras en la mano, pensamos lo que pensamos: que Zapatero ha claudicado y ha comprado, una vez más, el favor de los catalanes, cuyo apoyo tanto necesita en esta travesía por el desierto en la que se ha quedado tan solo que ya no le importa malcomprar favores a precios abusivos y delante de todo el mundo, sin esconderse.

Ese dinero que tanto necesitamos todos y cada uno de los españoles sin distinción de lugar de residencia, color de pelo o preferencias culinarias, por poner otros ejemplos que también nos diferencian, no debe servir para pagar los caprichos políticos de nadie. El precio de Zapatero está claro y puede que le cueste mucho más caro de lo que imagina, porque la confianza de los españoles nunca estuvo en venta.

María Cano

Subdirectora de EL IMPARCIAL

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