El Real Automóvil Club de España acaba de presentar a los medios informativos un interesante estudio sobre la siniestralidad de los ciclistas en España. El informe refleja una realidad dramática de un colectivo muy numeroso y que exige la actuación de las autoridades responsables en materias de tráfico, seguridad y deportes.
En el periodo 2003-2007 (que son los años en los que se ha centrado el trabajo), en España han fallecido 412 ciclistas, con un incremento medio de la mortalidad del 14 por ciento. En este mismo período, los fallecidos en accidentes de tráfico descendieron un 29 por ciento. Se trata pues de un colectivo con siniestralidad creciente, en un entorno de siniestralidad claramente descendente. Es evidente que nos encontramos ante un problema muy grave, que exige decisiones con urgencia. No es un problema nuevo y hace tiempo que desde diversos colectivos se viene denunciando esta situación.
Al hilo de este trabajo, se nos ocurren algunas reflexiones, no especialmente cómodas para ninguna de las partes implicadas en el problema.
La primera de ellas es la de considerar a la bicicleta como un instrumento de desplazamiento y de práctica deportiva. No todos estos instrumentos deben considerarse “vehículos” y de la misma manera que unos patines, una tabla de skating, un patinete o unas zapatillas con ruedas también permiten un desplazamiento más rápido y son elementos de actividad deportiva, la bicicleta no debería de considerarse un vehículo.
La coexistencia en un mismo ámbito de una bicicleta y cualquier otro vehículo de motor es conflictiva y difícil de justificar. Por su velocidad; por la fragilidad de sus usuarios; por su maniobrabilidad reducida, una bicicleta está más próxima a la manera de moverse de un peatón que la de un vehículo y mezclar en una carretera a ciclistas y vehículos es de una temeridad próxima a la demencia.
Cuando éramos niños jugábamos en las calles, y las porterías de fútbol las marcaban las carteras del colegio. Hoy, esa situación es inimaginable porque a nadie se le ocurre considerar a la calle como un recinto deportivo o de ocio. Las carreteras están para que circulen los vehículos en condiciones razonables de seguridad.
El problema es que no hay ningún político, ni ningún partido, ni nadie con poder de decisión capaz de tomar la drástica medida de separar a los ciclistas de los automóviles y de prohibir que las carreteras se utilicen para practicar deportes si se mantienen abiertas al tráfico diario. Se necesitan muchas agallas políticas para cerrar carreteras para que solo circulen ciclistas, o para prohibir que éstos circulen por donde ruedan coches, motos, camiones y autobuses. Los ciclistas tienen el derecho y la obligación de exigir a los poderes públicos espacios destinados a su actividad deportiva. A nadie en su sano juicio se le ocurre aterrizar con un ultraligero en una carretera, por muy poco transitada que aparezca; ni practicar los saltos hípicos en los jardines del Retiro; ni pasear con patines por los largos pasillos del Museo del Prado. Cada actividad deportiva tiene su entorno y sus recintos y la carretera no es ni un velódromo, ni una pista para bicicletas.
Pero mientras continúa esta barbaridad, procuremos entre todos que el número de accidentes se reduzca. Los conductores siendo conscientes de que las bicicletas son lentas, frágiles y normalmente muy ajenas a la atención que necesita el tráfico. Entre otras cosas, porque el peligro les viene por detrás; por donde no tienen ojos. En carretera, los peatones, deben circular por la izquierda, precisamente para ver de frente a los vehículos que vienen. Yo, cuando montaba en bici y tenía que recorrer algunos kilómetros por carretera, también circulaba por la izquierda… aunque algunos me consideraban chiflado.
Y los ciclistas, poniendo más atención a lo que hacen y siendo conscientes de que están “invadiendo” un espacio que ni es el suyo, ni ha sido diseñado para la práctica deportiva. Pero sobre todo, exigiendo muy seriamente a todos los poderes públicos que habiliten espacios exclusivos para su deporte y no unos “carril bici” sin separación física, que en la mayoría de los casos ni siquiera son mantenidos en las condiciones de limpieza y seguridad imprescindibles.
José María Cernuda
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