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Un inédito Juan Ramón Jiménez

martes 28 de julio de 2009, 21:45h
Hace unas semanas, el periódico ABC de Madrid publicó un poema desconocido del premio Nobel de literatura Juan Ramón Jiménez. Lo encontraron los investigadores Rocío Bejarano y Joaquín LLansó, responsables de la edición crítica de su obra, en una de las numerosas carpetas que quedaron en la Universidad de San Juan de Puerto Rico, tras la muerte del escritor.

Se completa así, dicen, la obra -de nombre tan platónico- Dios deseado y deseante (Animal de fondo).

Juan Ramón, uno de los mayores poetas de lengua española de todos los tiempos, tuvo siempre la animadversión de ciertos grupos que lo tildaban de distante, frío, difícil y otras cosas del mismo jaez. Algo hay, qué duda tiene, de lo primero. Exigirse y afanarse sin descanso, como el buen artesano, y poner toda el alma hasta dejar la obra bien torneada, es elegir, descartar y tomar; esforzarse, en suma. Y la poesía no es un producto acabado para uso ajeno ni tan siquiera propio. La distancia pide acercamiento, la misma aproximación que constituye el ejercicio de la lectura, un movimiento de inmersión que reimpulsa la palabra y le infunde nuevas incitaciones.

Pero en Juan Ramón hay, además, composiciones de raigambre popular; y está el poemario erótico, de intensa y viva carnalidad, publicado hace tan sólo un par de años, y los retratos de Españoles de tres mundos.

Yo me temo que aquí, al menos entre los lectores españoles, otro factor ahondó en el tropiezo ¿Hay algo, acaso, más perturbador que una lectura a destiempo? Por alguna extraña razón que no se me alcanza, hubo una época en la que Platero y yo, ese libro de prosa destellante, donde la luminosidad de Moguer es el fondo de las almas y las cosas que, a retazos, lo componen, se tomó por un libro infantil.

En un conocido programa literario de la televisión madrileña, los concurrentes tiraron a la basura simbólica Platero. Alegaban que era cursi porque un niño no habla con un burro. ¿Tampoco en un pueblo onubense a principios del siglo veinte? Los niños son siempre parleros.

Desde la otra margen del Guadiana, en tierras portuguesas y con el mismo marcielo juanramoniano como marco, propongo a los adultos que detestaron Platero que lo relean. Tal vez se lleven una sorpresa.
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