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el rey rompe la baraja con la ONU

Interminable rosario de sufrimientos para los habitantes del Sáhara

viernes 31 de julio de 2009, 20:54h
Mohamed VI ha resuelto dar un paso de difícil vuelta atrás en su actitud ante la crisis del Sahara. Consciente del fracaso de sus diplomáticos en hacer comprender a la comunidad internacional lo beneficioso de la solución autonómica propuesta por el Palacio de Rabat, el soberano alauita ha aprovechado el 10º aniversatrio de su entronización para terminar con el compás de espera y lanzarse a organizar la regionalización del país, "tomando como modelo la autonomía en el Sahara".
Hasta ahora, desde el momento de su llegada al trono hace una década cuando anunció "haber resuelto el conflicto" de la excolonia española, se había mostrado prudente. A pesar de anunciar repetidas veces una "solución autonómica en el marco de la soberanía marroquí sobre sus provincias del sur", Mohamed VI nunca dio el paso definitivo. Esperó pacientemente a que los miembros del Consejos de Seguridad de la ONU y los países que cuentan en el escenario mundial, aceptasen su propuesta. Ahora, tras constatar su fracaso, ha decidido iniciar la regionalización.



El conflicto está pues más lejos que nunca de su solución. El Frente Polisario y su valedor Argelia, no cejan en su empeño de reivindicar la independencia. Sólo Francia, y con menos entusiasmo España, apoyan la iniciativa autonómica, pero sin archivar el derecho de autodeterminación. En esas condiciones, el interminable rosario de sufrimientos que ha generado este conflicto en cuatro decenios, va a continuar.

La comunidad internacional considera el conflicto del Sáhara como "de baja intensidad" en clave militar. Lo es. Pero es "de alta intensidad emocional". Los 75 mil censados por España antes de abandonar la colonia, en su mayoría aún vivos, están afectados por el conflicto. Todas las familias saharauis, tanto del territorio en cuestión, como procedentes del norte de Mauritania o del sur marroquí, están rotas por la guerra, divididas, con miembros a ambos lados de las trincheras, pero también en la diáspora.

A principios de los 90 del siglo pasado, con ya un cuarto de siglo de conflicto y al poco de que la ONU consiguiese el alto el fuego, una delegación del Polisario estuvo en Laayun. Allí asistí a la conferencia de prensa más original de mi vida profesional. Bachir Myustafa Sayed y Omar Mansur, sus dos miembros más representativos, respondían a las preguntas de una docena de periodistas internacionales (la mayoría españoles y franceses, pero también algún inglés y muchos marroquíes) encaramados en una terraza del Parador que Fraga Iribarne había inaugurado en tiempos de Franco. Los periodistas estábamos en la calle, a 15 metros de ellos y tomábamos notas de sus respuestas. Hassan II pensó que con la infinita habilidad de su ministro del Interior Dris Basri, conseguiria doblegar la intransigencia del Polisario. No lo consiguio. Pero al poco tiempo, ambos contendcientres aceptaron a propuesta de la MINURSO el intercambio de visitas de familiares.

Asistí a la llegada del primer avión de Tinduf con viejos saharauis que venían a Laayún a encontrarse con sus parientes. Controlados por sus respectivos guardianes, el recibimiento fue protocolario. Hacía más de 20 años que no se veían. Pero se mostraron dignos. Poco después, me contaron que les permitieron un encuentro privado, sólo de familiares, sin controles policiales, que tuvo lugar en la sede de la MINURSO. Hubo regalos, se enseñaron fotos, se preguntaban afanosamente por sus allegados, pero sobre todo muchas lágrimas. Y un silencio agobiante.

Familias divididas por la guerra
Salek Mayub, uno de los miembros fundadores del Polisario, cayó en desgracia en los 80 mientras estaba en Tinduf. Acabó en la cárcel del Polisario. A los 10 años salió y pudo viajar a España. Su hermano, también purgó cárcel, pero en Laayun, sospechoso por las Autoridades marroquíes de simpatías con el movimiento independentista. Una familia más destrozada por la guerra. Como ellos, decenas y centenares más.

Mohamed Cheick Biyadillah, dirigente del partido monárquico PAM, que fue ministro de salud con Hassan II, es hermano de uno de los jefes militares del Polisario. El propio Secretario general de la formación independentista, Mohamed Abdelaziz, originario de Tinduf y cuya familia emigró a Beni Melall, hace años que no puede ver a su padre, soldado jubilado de las Fuerzas Armadas Reales, hoy enfermo. Omar Hadrami, que deserttó del Polisario y volvió a Marruecos, y a quien Hassan II hizo gobernador, dejó a su mujer y sus hijos en Tinduf, y nunca pudieron salir.

El conflicto sigue dejando un rosario interminable de sufrimientos. Un caso paradigmático es el de Abdallah Zoubeir. Con 18 años en 1975 fue a Tinduf para entrar en el Polisario. El movimiento no lo aceptó y acabó en la cárcel Errachid, donde pasó 11 años. Al salir en 1986, volvió a Marruecos y Dris Basri en premio le hizo "alcalde adjunto" en Laayún. Siempre le quedó atragantada la espina de su infierno personal en Tinduf. En 2008, vino a España con la intención de denunciar "las cárceles del Polisario". Como expiraba su visado, sele ocurrió la idea de pedir asilo político. Contactado por el periódico Canarias 7, hizo o se le atribuyeron, unas dseclaraciones que no gustaron en Rabat. Resultado : Abdallah, que no se siente opositor al régimen de Mohamed VI, no puede volver a Laayún donde tiene a su mujer y dos hijos. Pero a ellos tampoco se les permite viajar a España. Y por supuesto tampoco volverá a los campamentos saharauis en Tinduf, donde dejó amigos. En su refugio de Valdepeñas, Abdallah, que habla un español impecable, no comprende lo que le ha pasado, y vive la mayor pesadilla de su vida.

La autonomnía de Mohamed VI no resolverá el conflicto político, pero quizás abra la puerta para curar heridas de guerra que aún hoy destrozan tantas familias.
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