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Gregorio Marañón, médico humanista 

domingo 02 de agosto de 2009, 15:09h
Gregorio Marañón (1887-1960), fue sin duda una de las más brillantes figuras de la intelectualidad española del siglo XX. De personalidad poliédrica, como la denominó Camilo José Cela, destacó como médico, científico, humanista, escritor de elegante estilo literario, intelectual liberal, político y pensador, alcanzando renombre universal, claro ejemplo de la total compatibilidad entre ciencia y humanismo.
      
Durante los días 8 a 10 de Julio de 2009 se ha desarrollado en la sede del Colegio de Médicos de Badajoz, organizado por la Facultad de Medicina y la Fundación Gregorio Marañón, y patrocinado por la Fundación Academia Europea de Yuste y la Consejería de Sanidad, un Curso de Verano de la Universidad de Extremadura 2009, sobre la trayectoria vital del célebre médico, con motivo del próximo Cincuentenario de su fallecimiento en 2010, con la participación de destacados especialistas en las diversas facetas de la personalidad del Dr. Marañón: César Chaparro, Luis Merino, Agustín Muñoz Sanz, José Luis Gonzalo Sánchez, Emilio Balaguer, José Antonio Clavero, Manuel Serrano Díaz, Luis Ángel Ruíz de Gopegui, Javier Zamora, Lorenzo Delgado, Tom Burns Marañón y Juan Pablo Fusi. Actuaron como co-directores del Curso, el firmante de este artículo y Antonio López Vega, director de la Fundación Gregorio Marañón de Madrid.
      
Dedicamos este curso al Dr. Marañón, con el convencimiento de que su obra y figura ejemplar mantienen plena vigencia en la actualidad. Su patriotismo y su compromiso con la libertad, nos obligan a preservar la herencia ética de este médico cuya gigantesca figura marcó una época de la historia de España. Su biografía estuvo marcada por el respeto  y la tolerancia hacia las ideas de los demás, la comprensión como pauta de actuación y la defensa de la libertad como valor humano esencial.
     
Entre las numerosas facetas de su personalidad, nos centraremos en su dimensión como médico humanista. Desde la tradición humanística de los médicos cordobeses del Medievo, Maimónides y Averroes, la medicina en España siempre ha destacado por esa dimensión humanística que la enaltece, y entre sus grandes figuras contemporáneas, sobresale la de Gregorio Marañón.
     
Contribuyeron a su formación humanística, personalidades tan relevantes como José María de Pereda, Marcelino Menéndez Pelayo y Benito Pérez Galdós, todos ellos del círculo de amigos de su padre, y uno de sus maestros médicos más directos, fue Santiago Ramón y Cajal. Para Marañón, Cajal fue siempre un referente intelectual y moral a partir de la lectura que hizo de sus famosas “Reglas y Consejos”, e hizo suya su célebre frase sobre la cultura: “…el problema de España es un problema de cultura…urge…salvar todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia”. También influyeron en su formación humanista Cambó, Araquistain, Madariaga, Unamuno, Ortega y Gasset y Prieto, que se contaron entre sus buenos amigos, y durante el periodo de su formación en Alemania, Paul Ehrlich y Sigmund Freud, con quien compartió numerosas ideas sobre la sexualidad humana.
     
Para Marañón, no es posible imaginar un médico sin cultura humanista. Para él la medicina es una filosofía de vida, y el enfermo precisa más que un técnico, alguien que sepa compartir la angustia que le amenaza. Sin llegar al extremo de la célebre sentencia de Letamendi, “El médico que solo medicina sabe no sabe ni medicina siquiera”, es evidente que la cultura humanista lo acerca más al hombre, al hacerle más comprensivo, generoso y bueno, y también, más eficiente. 
     
Frente al médico enciclopédico, mero archivo de conocimientos, Marañón postula el médico integral, técnico y al mismo tiempo humanista, capaz de comprender la complejidad del drama humano, y de asumir con plenitud su gran responsabilidad, sin olvidar las implicaciones sociales y económicas que acompañan siempre al proceso patológico.
     
En su obra literaria destacan las biografías de personajes históricos, a los que convierte en emblemas de una época y en prototipos de un carácter, como Enrique IV de Castilla, El Conde Duque de Olivares, Tiberio, Luis Vives, Antonio Pérez, etc. Marañón los analiza como si de casos clínicos se tratase, interpretando sus vidas desde un punto de vista médico, mediante su peculiar estilo, el llamado “ensayo biológico”, auténtico eslabón entre el ensayo literario y el específicamente científico.
     
En el verano de 1922, Gregorio Marañón acompañó al rey Alfonso XIII, en su viaje a la región extremeña de las Hurdes, que por entonces estaba sumida en la miseria y en un estado sanitario lamentable. Sus profundos trabajos y propuesta de soluciones impulsaron las acciones terapéuticas que paliaron el hipotiroidismo endémico de su población marginal. Es un magnífico ejemplo que demuestra su preocupación humana por sus contemporáneos y su afán por mejorar el estado de las cosas. Luchó siempre contra la injusticia, defendiendo la necesidad de modernizar el país y alentar la investigación.
     
La sociedad de su tiempo ya le consideró un gran humanista al ser junto con Cánovas, los únicos españoles miembros de cinco de las siete Reales Academias de nuestro país: “Medicina, Lengua, Historia, Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y Bellas Artes de San Fernando”, un reconocimiento de la comunidad intelectual que no ha merecido nadie antes ni después. Y sin embargo, por deseo expreso suyo, la lápida que cubre su tumba en la madrileña Sacramental de San Justo, bajo su nombre sólo figura el título de “Médico”.
     
Finalmente, debemos aplaudir la proposición no de ley, que el grupo parlamentario socialista se dispone a pedir en breve en el Congreso de los Diputados para instar al Gobierno a celebrar en 2010, con amplia programación institucional, el 50 aniversario del fallecimiento del científico y humanista Gregorio Marañón, “uno de los intelectuales más brillantes y comprometidos con el desarrollo de la sociedad de su tiempo”. Esta iniciativa contribuirá a hacer justicia y difundir como se merece, su magnífico legado.
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