El Salón de Otoño de París peregrino de Santiago
martes 04 de agosto de 2009, 21:54h
Desde hace ya cinco años, Galicia recibe en verano la visita del centenario Salon d'Automne de París con sede en el Grand Palais. La noticia de la inauguración, a mediados del mes pasado, tuvo reflejo, sobre todo, en la prensa gallega y en la parisina. Noël Coret, director de la muestra madre, acudió puntual a la cita.
No se trata, sin embargo, de un intercambio más entre países vecinos; en tal caso el sitio para hablar de ello estaría en las páginas de cultura. Aquí quiero enaltecer la labor generosa y tenaz del comisario de la edición gallega, José Díaz Fuentes, escultor sarriano asentado en la localidad francesa de nombre fabuloso, Chanteloup-les-Vignes, en las afueras de la capital de Francia. A su voluntad casi heroica y a su inmenso tesón, puestos siempre al servicio de un proyecto pensado y sentido, debemos el acontecimiento que congrega en las localidades lucenses de Sarria y Samos a artistas de muchos países que nos muestran sus pinturas, esculturas, fotografías y composiciones diversas.
La antigua cárcel de Sarria así como los claustros de los monasterios de ambas localidades se transmutan, por un tiempo, en lugares de contemplación, renovando, en cierto modo, su misión primordial de morada de recogimiento y conversación interior. Este año, por vez primera, el Salón español, en el que hay participantes de catorce países, llega a la meta de todos los peregrinos: Santiago de Compostela. El Centro de Nuevas Tecnologías de Conxo es el recinto que expone una parte de las obras.
Al alcanzar la ciudad deseada por gentes de credos y orígenes múltiples, rebrota fecundo el espíritu inicial del Salon d’Automne: admitir la variedad de ejecución y recibir a creadores venidos de otras tierras propiciando la convivencia de los consagrados con los primerizos, sin renunciar, no obstante, al criterio de exigencia.
José Díaz Fuentes es un escultor excelente. Trabaja todos los materiales y se maneja con la misma soltura en la pieza pequeña que en la mediana o la monumental. Le gusta el perfil redondeado o la muesca y prefiere la curva que el ángulo. Su laboriosidad recuerda la de los emigrantes de antaño. No es bohemio, aunque sí tiene sueños en los que confía con sus dotes de buen gestor. A sus desvelos se debe el mecenazgo de la Unesco cuya representación en Sarria ostenta él mismo.
Cuando comentó el plan que tenía para su pueblo, su mejor amigo le preguntó si estaba en sus cabales, y él, irónico, en lugar de contestar se puso manos a la obra.
Ya se ha cumplido el primer lustro. ¡Ojalá continúe la empresa por muchos años más!