Mallorca y las imágenes de la democracia
Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 08 de agosto de 2009, 17:13h
Como un personaje secundario que sin querer se convierte en protagonista, este verano la isla de Mallorca está siendo el epicentro de producción de imágenes para la prensa y, por defecto, para la historia; concretamente, se trata de dos tipos de fotografías.
Por un lado, están los paparazzi que buscan dar con la fotografía del verano, la familia real en bañador, o mejor aún, en bikini. A este bloque de imágenes se ha sumado otro, el de los rostros impúberes de los terroristas más buscados tras el último grito agónico de ETA.
Echando un vistazo a la prensa de las últimas semanas, como en una ironía del destino, cualquier lector ha podido ver una y otra vez estos dos tipos de imágenes que de alguna manera se revelan como prototipos repetidos de las imágenes colectivas de la democracia, aquéllas que han estado omnipresentes en la vida democrática de esta joven España. Los políticos, los famosos, los acontecimientos, han ido pasando y dejando los tronos a otros, pero ETA y la familia real son dos polos polémicos que siempre están ahí. Uno, a punto de caramelo para dejar de amargar la existencia a todo un país y el otro haciendo gestos también para un cambio a golpe de fotografías.
Y como un micromundo que representa nuestra historia y sus invariantes: la familia real y ETA, acaparan la atención de nuestras miradas e incluso condicionan la estrategia de comunicación de la familia real. Esta semana, en un doble gesto, los Príncipes de Asturias con sus niñas han dado un paseo de cinco minutos por las calles de la ciudad de Palma. Rodeados de fotógrafos -convocados- de todo el mundo, han demostrado que a pesar del último atentado, la vida sigue y la isla es segura; es segura porque ellos saliendo así, fotografiándose con los turistas y dejándose ver, se sienten seguros.
Ahora bien, transmiten seguridad ante la amenaza de ETA y transmiten, soslayadamente, a todos sus súbditos, lo que ya es un secreto a voces, el inevitable relevo del rey por su sucesor. Para que todos se enteren quien es el protagonista ahora. Y como no, el último gesto: el Príncipe dando las gracias a los fotógrafos por estar ahí. Por hacer que el mensaje cumpla su trayecto hasta las pantallas y salones de todos los españoles dando sentido a su propio trabajo
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Filósofa, profesora e investigadora.
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