La estrella de Eta
María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
domingo 09 de agosto de 2009, 21:49h
Hoy ha fallecido el capitán del Espanyol. Tenía 26 años, era trabajador, responsable y estaba a punto de ser padre. Tenía talento y lo supo aprovechar mientras la suerte le dejó. Hoy, ya no está entre nosotros. Estaba en la habitación de un hotel, en Italia, hablando por teléfono con su mujer y un infarto le ha fulminado al instante. Lo tenía todo para triunfar pero la suerte no le ha sonreído.
Woody Allen, en una de sus últimas películas (Match Point), planteaba que más vale nacer con suerte que con talento. La afirmación da para pensar y debatir largo y tendido y eso es lo que he hecho, aunque el resultado de mis pesquisas me desagrade por completo, ya que tras muchas deliberaciones he terminado dando la razón al genio. Se puede ser un patán y llegar muy lejos, hay sobrados ejemplos de ello a nuestro alrededor como para que cite alguno de ellos.
Lo malo de quitarse vendas es que uno acaba convirtiéndose en un descreído sin esperanzas y yo, de momento, me resisto a ello. No es justo que mentes brillantes, almas nobles, genios inspiradísimos y trabajadores incansables estén a merced de un viento tan impredecible como determinante. No señor, la suerte no puede tener la última palabra. Y decidida a demostrarme lo contrario he sacado brillo a mi lente, he puesto el zoom al máximo y… esto es lo que he sacado en claro.
También este domingo, han estallado tres artefactos explosivos en Mallorca: dos en restaurantes y otro en los bajos de la Plaza Mayor. Por suerte, en esta ocasión a favor, eran de escasa potencia y no han causado daños personales.
En cambio, hace unos días la suerte debía de estar bailando un tango con otra cuando Eta colocó dos bombas lapa bajo dos coches de la Guardia Civil. Una pareja de agentes voló por los aires. Eran jóvenes y con un currículum intachable. Eso sí, otros dos se libraron de un final seguro gracias a la avería del segundo vehículo, que llevaba varios días aparcado esperando a ser arreglado. Ese día, la suerte se dividió. Tenía demasiado trabajo.
En cambio, la fortuna horas antes hizo un generoso alarde de su maestría en Burgos, donde la banda terrorista había colocado una bomba bien cargada junto a una casa cuartel en la que dormían en el momento de la explosión más de un centenar de personas, entre ellas un buen número de niños.
Tanto los de Burgos como los compañeros de los fallecidos habrán agradecido su buena estrella, pero ella no entiende de talentos, ni de sacrificios ni de méritos. Por eso, también favorece a quienes se aprovechan de sus buenas artes para hacer el mal.
Y esa es la causa de que desde hace tanto tiempo Eta y sus cachorros se hayan mantenido en pie desafiando a la Justicia, a las víctimas, a sus familiares y a la sociedad colocando fotografías de presos etarras en calles y plazas, organizando manifestaciones que se celebran a pesar de ser ilegales y, lo que es peor, añadiendo cadáveres a su historial macabro. Talento no sé si tendrán pero fortuna, bastante. Qué mala suerte la nuestra.
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Subdirectora de EL IMPARCIAL
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