El abismo entre Colombia y Venezuela
martes 11 de agosto de 2009, 00:57h
La decisión del presidente venezolano de cortar el suministro de petróleo a Colombia no ha sorprendido a nadie. De hecho, nada de lo que hace o dice Hugo Chávez sorprende, aunque pueda asombrar. Poco importa que la negativa de Chávez viole un acuerdo suscrito entre Caracas y Bogotá, según el cual se suministraría crudo a determinadas regiones fronterizas y que uno de sus objetivos fuese el de la supresión del contrabando, problema éste que afecta a ambos países. El caudillo bolivariano obra sin rendir cuenta alguna y hace y deshace a su antojo. El hecho de contar con formidables reservas petrolíferas, le ha permitido comprar más de una voluntad en el continente. Es una de las razones por las que Evo Morales, Correa, Daniel Ortega o Cristina Fernández de Kirchner le siguen fielmente la corriente. Como telón de fondo, subyace el permiso que Uribe ha dado a Estados Unidos para que instale bases militares en suelo colombiano.
Colombia es un país soberano cuyo gobierno ha sido elegido democráticamente y, en base a ello, las decisiones que adopte en materia de política interna son asunto exclusivo de su competencia. Así lo han reconocido otros países como Perú, Chile o incluso Brasil, quien habría superado sus reticencias iniciales. Es cierto que las relaciones entre vecinos no son siempre fáciles y el caso de Venezuela y Colombia es una buena prueba. Pero ello no obsta para que desde Caracas se torpedee el de por sí frágil equilibrio cada vez que se presenta la ocasión. Porque, si bien es mucho lo que une al pueblo venezolano con el colombiano, media un abismo en la manera en que sus respectivos gobiernos detentan el poder. Y no es que Uribe sea un santo, ni que su gestión esté libre de mácula. Pero, al menos, se conduce con sentido común y sin beligerancia alguna, al revés que su vecino. Lo que realmente esconde la rabieta de Chávez es el temor a que las bases norteamericanas sean un obstáculo para las actividades poco santas del caudillo populista, ya sea en relación a las FARC, Honduras u otro objetivo que se marque y quede al alcance de su política expansionista. Así las cosas, bienvenidas sean las bases si redundan en una mayor seguridad en Colombia. Y si eso no gusta a Chávez y sus acólitos, por algo será.