Efectos secundarios de la vacuna contra la gripe A
miércoles 12 de agosto de 2009, 20:54h
Stephen King escribió Apocalipsis en los años setenta, aunque más tarde, a finales de los ochenta, fue cuando añadió nuevo material y publicó finalmente la novela. Son 1299 páginas llenas de intensidad, de esas historias que enganchan desde el principio y no te dejan pensar en otra cosa que no sea en volver a agarrar el pesado ladrillo y seguir descubriendo qué es lo que pasará a continuación. Estoy segura de que a muchos, incluso a los nada hipocondríacos, la historia de la epidemia de la gripe A cada vez les recuerda más a la primera parte del libro, cuando King relata con precisión esos 19 días en los que se propaga el virus de la que él llama la supergripe o el Capitán Trotamundos. Es, desde luego, un virus muy especial, de novela, y el escritor de Pórtland, famoso por sus historias de terror, nos enfrenta a una situación en la que el organismo humano no está en condiciones de producir los anticuerpos necesarios para detener a un virus antígeno de mutación constante y, por esa razón, tampoco susceptible de atajar con la fabricación de una vacuna. Es una gripe que cambia dentro del propio cuerpo cuando percibe que éste ya empezaba a vencer la enfermedad. Espeluznante, ¿verdad?
No es que de repente me haya entrado un ataque de paranoia y quiera transmitirles una percepción apocalíptica de la propagación del H1N1 que continúa por todo el planeta, pero lo cierto es que esta pandemia de la que lo peor, dicen los expertos, está aún por llegar, recuerda tanto a esas escenas noveladas de King en las que imaginas el temible virus paseándose por las salas de los cines, los picaportes de las puertas y las barandillas de las escaleras hasta entrar silencioso en el cuerpo de alguno de sus personajes, que la gente, a pesar de que en agosto parece estar prohibido pensar en cosas serias, ya empieza a mosquearse y, sobre todo, a preguntarse qué es lo que va a pasar en la vida real. Vale, el virus, que se sepa, no se ha escapado de ningún laboratorio secreto de armas bacteriológicas, ni es, remotamente, tan mortífero como el Capitán Trotamundos, pero el goteo constante de fallecimientos, el contagio que viaja sin problemas y las advertencias de la OMS de que un tercio de la humanidad podría contraer la nueva gripe en 2010, empiezan a provocar que miremos con el ojo torcido al que tose o estornuda a nuestro lado.
Personalmente, nunca he entendido a esos “valientes” que acuden con la nariz pelada y la voz rota a la oficina, al cine, al teatro o a cualquier otro lugar público y declaran orgullosos que a ellos una simple gripe nos les deja en la cama. A lo mejor, a ellos no, pero maldita la gracia cuando por su osadía culposa al poco tiempo empiezas a sentirte como un trapo y te acuerdas de aquellos ojos empañados que proclamaban la fortaleza de su sistema inmunitario. Puede que con el H1N1 las cosas cambien y se empiece a ver no como a un valiente sino como a un idiota irresponsable al que va por ahí diseminando un maldito virus. Por el camino que vamos, ya no nos parecerá raro salir a la calle con mascarilla, llevar guantes, ir bien aprovisionado de pañuelos de papel o toallitas húmedas y sacar tu propio vaso de plástico para que el camarero te sirva la caña en el bar.
Incluso, puede que, a partir de ahora, algunos entiendan que hay que lavarse las manos aunque no les parezca que se las hayan manchado. Y, lo más difícil, nos tendremos que acostumbrar a no besarnos cuando nos encontramos con alguien, ni siquiera darnos la mano, lo que tampoco es tan grave. Aunque para entonces, lo más probable es que ya tengamos la anunciada vacuna en la que se está trabajando a toda prisa y de la que sus efectos secundarios parece ser que sólo se irán descubriendo a medida que aparezcan los mismos en los vacunados. A causa de la urgencia en su preparación, las agencias internacionales responsables de los medicamentos y de las vacunas ya han advertido de que pueden acelerar los procesos de registro, lo que significa hacer menos ensayos o hacerlos con menos pacientes, por lo que recomiendan una vigilancia muy exhaustiva después de su comercialización. Y de todo, Apocalipsis incluida, a mí esto es lo que me parece más espeluznante.
|
Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
|
|