La guerra interminable contra la Camorra
viernes 14 de agosto de 2009, 08:48h
Durante los últimos días, la policía italiana ha logrado detener a dos prófugos de la Camorra napolitana, acusados de asociación delictiva de tipo camorrista y extorsiones, además de contar con antecedentes penales por homicidio y tráfico de drogas. Raffaele Maccariello y Vincenzo Acanfora eran considerados de los cien prófugos más peligrosos de Italia. La operación, en que ha colaborado el Ejército italiano, ha llevado al arresto de otras cuatro personas.
A pesar de los innegables logros alcanzados por la policía italiana en los últimos meses, las mega-operaciones y las detenciones no parecen suficientes para derrotar a la Camorra y a las otras organizaciones criminales que operan en el territorio nacional y fuera del país. La falta de una estrategia a largo plazo, de extenso alcance y coordinada a nivel europeo representa una evidente limitación para derrotar las mafias italianas. Las detenciones por si solas no permiten terminar con el fenómeno criminal ya que las organizaciones delictivas siguen el lema “a rey muerto, rey puesto”, regenerándose rápidamente y volviendo a ejercer su poder en el escenario mundial. Sin embargo, parece haber llegado el momento en que el Estado italiano debe enfrentarse de manera decidida al problema, contando con la colaboración internacional y buscando soluciones concretas, evitando medidas paliativas, demagogia simplista o retórica sensacionalista. El Gobierno debe plantearse seriamente el problema: por eso, resulta lamentable que en la última conferencia del Presidente del Consejo, Silvio Berlusconi, del pasado 10 de agosto, sobre los objetivos-prioridades del próximo año, la lucha contra las mafias quede ausente una vez más. Preocupan estas omisiones ya que son frecuentes y, desde este medio, ya lanzamos la alarma sobre su ausencia en la última campaña electoral italiana de 2008.
El Estado no puede limitarse a enviar tropas o militarizar el área para enfrentarse al problema, ya que se trata de una medida cíclica demasiado manida y cuyo resultado es dudoso. Por eso, mientras las operaciones estatales consiguen resultados a corto plazo, muchas veces quedan como acciones aisladas, en varias partes del territorio itálico, y la percepción de que el Estado ha abdicado de sus responsabilidades se difunde preocupantemente. Es necesario comprender que la Camorra no se derrota sólo con nuevas fuerzas de seguridad: las raíces del problema son más profundas. El envío de fuerzas debe ser coordinado con otras intervenciones como el reforzamiento de la investigación policial, medidas judiciales efectivas y, sobre todo, con la necesidad de un “saneamiento urbanístico-social” de las zonas afectadas: los ciudadanos deben creer en la existencia de una alternativa a la camorra y a sus reglas, eliminando de una vez esta percepción de impotencia estatal y negligencia administrativa. Finalmente, la camorra debe ser considerada no sólo como un problema político, sino socio-económico que necesita una solución inmediata. Como dijo el juez Giovanni Falcone, asesinado por la mafia siciliana en 1992, “la mafia y las organizaciones criminales son fenómenos humanos y como tal tienen un inicio y tendrán un fin”.