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El conflicto de un pueblo con la SGAE

miércoles 19 de agosto de 2009, 05:20h
El Ayuntamiento de Fuenteobejuna, Córdoba, se encuentra en conflicto con la Sociedad General de Autores y Editores, al reclamársele 31.900 euros de deuda por concepto de representación de la obra de Lope de Vega Fuenteovejuna en los años 2004 y 2006, así como diversos actos culturales entre 1998 y 2008, además del diez por ciento de lo recaudado de las entradas. La alcaldesa, Isabel Cabezas, argumenta que el director y adaptador de la obra ha renunciado a sus derechos, renuncia que un portavoz de la SGAE dice desconocer porque no han recibido notificación. El Ayuntamiento cordobés busca algún medio legal o alguna acción, aún no especificada, para evitar dicho pago. Asimismo, la alcaldesa pide que los ayuntamientos que se encuentren en una situación similar se mantengan unidos, como es el caso de la población de Zalamea, a la cual la SGAE solicita el pago por la representación que cada año se realiza de la obra El alcalde de Zalamea de Calderón de la Barca.

Este nuevo conflicto con la Sociedad General de Autores y Editores ha irritado a muchas personas. Sin embargo, no es nuevo que la forma de actuar de esta organización moleste a algunos ciudadanos. Anteriormente, se han producido discusiones y problemas, con motivo o sin él, entre la SGAE y diversas organizaciones, como con la CNT, partidos políticos, como Izquierda Unida, restaurantes, bares, y particulares en general.

Nadie pone en duda que el objetivo de la SGAE y su razón de ser sean válidos. Los creadores de obras culturales, músicos, escritores, dramaturgos tienen derecho a recibir beneficios por su trabajo; es lo justo. Lo que se le critica es el comportamiento. Se percibe como una gran voracidad recaudadora que ha llevado en ocasiones a requerir el pago de derechos en eventos sociales privados, como bodas, o en reclamar un alto pago a pequeños establecimientos que reproducen música sin intención de obtener beneficios por ella. Aunado a esto, la repartición de dicha recaudación no parece clara, falta transparencia en cómo se distribuyen los beneficios. Lo que la sociedad exige de la SGAE es únicamente claridad y una actuación responsable y justa.
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