Volar sigue siendo seguro
sábado 22 de agosto de 2009, 00:28h
Un año después del fatídico accidente aéreo que costó la vida a 154 personas en el aeropuerto de Madrid-Barajas, las imágenes de la tragedia siguen sobrecogiendo igualmente. A día de hoy, la investigación sigue empantanada en cuestiones de competencias e informes que no acaban de ver la luz, lo cual es absolutamente inaceptable. Que un hecho tan grave siga sin aclararse resulta una penosa carga añadida para quienes perdieron a sus seres queridos. Pero, al mismo tiempo, plantea una serie de interrogantes que más de uno tiene presente a la hora de coger un avión. Y eso es algo que debería desterrarse den inconsciente colectivo de una vez por todas.
Volar es seguro. Estadísticamente, el avión es el medio de transporte más fiable. Hay más posibilidades de sufrir un accidente montando en bicicleta o en autobús. De hecho, la fase más peligrosa de un viaje en avión es el trayecto que lleva al aeropuerto. Los controles técnicos son cada vez más exhaustivos, a lo que hay que añadir las innovaciones tecnológicas que las compañías aéreas van incorporando paulatinamente a sus aeronaves. Además, el aumento del tráfico aéreo resulta un excelente indicador de la fiabilidad del avión como medio de transporte; basta con ver los millones de operaciones que se producen en los aeropuertos de todo el mundo en relación con el escasísimo número de percances. Pero nada de ello alivia el enorme dolor que embarga a los familiares de las víctimas de aquel fatídico JK-5022. Un cúmulo de fatalidades –alguno de ellos evitables, a falta de confirmación definitiva por la investigación en curso- truncó la vida de 154 personas y, por ende, las de sus seres queridos.
A diario se producen miles de aterrizajes y despegues sin mayor novedad. Volamos mucho más que hace unos pocos años, y lo cierto es que el espectacular aumento de desplazamientos aéreos no se ha traducido en un incremento de accidentes; antes al contrario, han disminuido. Se puede volar con total confianza. Eso, claro, si los controladores, SEPLA o los huelguistas de turno no nos amargan el viaje.