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Agostos

martes 25 de agosto de 2009, 19:17h
Nos engañamos a nosotros mismos, cuando pensamos que los períodos vacacionales lo son “urbi et orbe”. Sin artículos de opinión, sin tertulianos y sin referencias políticas, nos olvidamos de los conflictos latentes de nuestro mundo y obviamos otras referencias históricas referidas a revoluciones y crisis desencadenadas, precisamente, en periodos estivales.

Teóricamente en la agenda de este año, nos preocupaban las elecciones afganas, quizás más por la incidencia que podían tener sobre nuestros contingentes militares, que por las consecuencias que puedan conllevar para la paz mundial. Tan acostumbrados estamos a la latente violencia en la región, que admitimos como lógica la cifra de medio centenar de muertos durante el desarrollo de los comicios. ¡Como si no sea suficientemente trágico! Esperemos que ahora, no se produzca una fase de “iranización” del proceso, al acusarse los dos posibles vencedores, Karzai y Abdulá, de manipulaciones fraudulentas de votos.

No imaginábamos en cambio el golpe de Honduras. Si destaco algo de aquel escenario, es la falta de objetividad con que se aborda. Muy ligado a aquel querido país desde el comienzo de la Misión de Naciones Unidas para Centroamérica (ONUCA) allá por los años noventa, difícilmente encuentro entre amigos y corresponsales un razonado y equilibrado juicio.

Un Líbano sin grandes titulares, la comprometida actividad de Tony Blair y una intensa y callada actividad norteamericana, permiten vislumbrar la salida del conflicto de Oriente Medio con cierto optimismo.

Más a poniente, Marruecos y el Polisaro buscan cerca de Viena, canales de entendimiento.
En el Cáucaso se ha jugado entre el recuerdo a los acontecimientos del pasado verano, y los juegos de amenaza y de envite, pero sin llegar a las manos. Tampoco está mal.

Pasó desapercibida la muerte de Mc Namara, el Secretario de Estado norteamericano con fuertes responsabilidades en la guerra del Vietnam. Un detalle que le honra fue el de reconocer los errores de aquella administración, y no imputárselos a los militares que los obedecieron, como suele ser norma corriente.

También pasaron desapercibidas unas declaraciones extraídas de 25 interrogatorios a un derrotado Sadan Hussein realizadas por un agente del FBI, George L. Pino, recientemente desclasificadas. En ellas Sadan justificaba su discurso sobre la existencia de armas de destrucción masiva en sus arsenales, por miedo a un ataque de los “ayatolás chiís” de Irán, tanto, que dijo mostrarse “dispuesto a negociar un acuerdo de seguridad con EE.UU para lograr su protección”. La desclasificación puede tener varias lecturas. O el mensaje se manda a Irán o se dirige a la antigua administración de Bush.

Mientras, en casa, no acabamos de apagar los incendios de nuestros bosques mal cuidados en invierno, ni los laborales a consecuencia de la crisis. Los ciudadanos de a pié quisiéramos ver ante la tragedia del paro y de la ruina de muchas empresas, una política de estado, una “clara economía de guerra a lo Churchil” como escribí recientemente. Bien sabemos que la iniciativa privada es fundamental en un país; bien sabemos que el subsidio adormece voluntades muchas veces. Pero también sabemos que hay situaciones desesperadas. Que se lo pregunten a Caritas. Y ante estas contingencias, ante esta guerra, sí guerra, no sería malo ver a los partidos políticos unidos, formando un solo frente, algo que solo se conceden de vez en cuando en un funeral.

Quisiéramos que Agosto no fuese noticia. Por desgracia sigue siéndolo.

Luis Alejandre

General de Ejército

Luis Alejandre es general.

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