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Algunas preguntas con ironía

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 29 de agosto de 2009, 21:05h
El jaleo empezó cuando Joe Stork, director de la división de Norte de África-Oriente Medio de Human Rights Watch, dio una rueda de prensa y acusó a Israel de matar –durante la operación contra la infraestructura de Hamás en Gaza del pasado invierno- a doce palestinos mientras enarbolaban banderas blancas. Podríamos recordar cuántas veces los terroristas han utilizado instalaciones civiles y a su propia población como escudos humanos. Incluso deberíamos traer al recuerdo las ambulancias que han empleado para transportar cohetes y los hospitales bajo los cuales han construido búnqueres (¿desde dónde dirige Ismail Haniya a Hamás en la Franja?) sin embargo, habrá ocasión para eso; sigamos con la polémica.

El caso es que uno de los columnistas más prestigiosos de Israel, Ben-Dror Yemini, del diario Maariv, denunció que Joe Stork había apoyado la Masacre de Munich de 1972 - el asesinato del equipo israelí durante las Olimpiadas, que por cierto no se suspendieron por el crimen. Como pueden ver, un hombre de paz.

Entonces, se armó la tremolina. Por supuesto, Joe Stork respondió; Ben-Dror Yemini replicó y en esas estamos. Stork dice que se está tratando de matar al mensajero.

Ahora bien, esta polémica pone ante nosotros –las democracias y los ciudadanos- varias preguntas incómodas. ¿A quién damos credibilidad cuando se trata de informar sobre Derechos Humanos? ¿Puede alguien que odia a Israel informar objetivamente sobre Oriente Medio? No se trata de un argumento ad hominem: no se trata de quién es, sino de lo que piensa o, más bien, de lo que siente. ¿Aceptaríamos que un defensor ideológico del terrorismo informase sobre los Derechos Humanos en España, el Reino Unido, los Estados Unidos? ¿Es razonable convertir a alguien así en fuente de información? La libertad de información no consiste en contar cualquier mentira como si fuese verdad, sino en buscar qué es verdad y poder contarlo.

Digámoslo claro: los hechos de los que habla en el informe no están probados. ¡Ja! ¿Pruebas? ¿Quién necesita pruebas? ¿Acaso no son los israelíes –ya se sabe- los más bárbaros de la región? ¿Qué importa que den refugio a las víctimas de Darfur? ¿Qué importa que las personas homosexuales –perseguidas en la Franja de Gaza- salven la vida refugiándose en Israel? ¿Qué importa que en Israel los cristianos puedan vivir su fe en libertad mientras en Gaza eso sea inconcebible?

Lo que sí está demostrado es que los terroristas de Hamás se esconden –física y figuradamente- tras la población civil con banderas blancas y sin ellas. Ya está de nuevo este tipo con lo mismo. ¿Acaso no es Hamás un movimiento de liberación? Sí, está bien, matan a los opositores y enseñan que Sevilla fue arrebatada a los musulmanes, pero ¿acaso no son pobres y están ocupados? Por cierto, tampoco importa que Israel abandonase hace años la Franja de Gaza.

Ya en serio; sin ironías. ¿A quién le estamos dando credibilidad? Israel es un Estado democrático de Derecho en el que la libertad de información se ejerce y se garantiza. Si una información es falsa, la sociedad –y los Tribunales- reaccionan. Por desgracia, los palestinos no goza de la misma libertad: quienes denuncian los crímenes de Hamás contra su propia población y el uso que los terroristas hacen de los civiles como escudos humanos rara vez viven para contarlo. Así, los palestinos no pueden expresarse e informar en libertad porque Hamás se la ha robado. Cuando no existe la libertad para expresarse, es difícil contar la verdad. Los pocos palestinos que han denunciado las atrocidades de Hamás contra su propio pueblo han tenido que huir y no suelen prodigarse. Podrá encontrarlos en Occidente. En los Estados Unidos, en el Reino Unido, en Israel, es decir, en sitios donde la oposición es una institución más de la democracia y la discrepancia se respeta. En esos sitios, la defensa frente a un tipo que miente es un periodista que dice la verdad y un Juez que aplica el Derecho, no un matón encapuchado. ¿No le dice eso algo a usted?


Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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