Zapatero nos va a freír a impuestos
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 01 de septiembre de 2009, 21:48h
Las vacaciones sirven para desconectar de la realidad cotidiana. El problema es que se tome las vacaciones una persona que ya estaba desconectada de la realidad. A su vuelta es un extraterrestre.
Lo han adivinado: es el caso del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Un dirigente que no ha hecho más que dar palos de ciego desde su victoria electoral de 2008, cuando convenció a los españoles de que vivíamos en Jauja y, para demostrarlo, podía regalar cuatrocientos euros a cada uno, y que a los diez minutos tuvo que lidiar con una crisis salvaje que no quiso ver, o quiso ocultar.
Desde ese mismo momento, el Gobierno presidido por Zapatero no ha dado pie con bola ante los problemas reales. Eso sí, ha sido bastante hábil en la labor de despiste, al generar otros conflictos que le sirvieran de cortina de humo. Pero en las cuestiones esenciales, todo lo ejecutado por el Ejecutivo ha sido como obra de un limpiador borracho en una cristalería, dedicado a recoger los vidrios que él mismo va rompiendo.
He perdido la cuenta, pero ya son unos catorce los planes de reactivación económica que lleva Zapatero. Y, a cada noticia de nuevo plan aparece una nueva cifra mayor de parados. Tras cada rueda de Prensa que anuncia brotes verdes, surge una nueva subida de la deuda, del déficit, y más se confirma la recesión.
Pero lo que Zapatero no sabe hacer en materia económica lo suple con creces en habilidad demagógica. Así, cuando todas las miradas se vuelven hacia él, porque el paro se convierte en insostenible, el dirigente socialista hace un regate y se inventa un recurso que le convierte en benefactor, aunque sólo sea por unos días. Y ahí está el administrador de nuestro dinero donando unos pequeños salarios (también de emblemáticos cuatrocientos euros) a los pobres de la tierra. A los que él, entre otras cosas, ha hecho pobres, como responsable de la economía nacional.
A Zapatero hay que imaginarlo como en los cómics, como si le saliera una bombilla sobre la cabeza cada vez que tiene una brillante idea. Lo que sucede que ese iluminado Zapatero tropieza al día siguiente con la realidad, y se da cuenta de que ha metido la pata. Como siempre, porque no calcula lo que hace, porque todo lo que hace tiene un propósito táctico y cortoplacista, y porque, también hay que decirlo, le importa una higa mentir, rectificar, desdecirse, embaucar o manipular.
En fin, Zapatero ha conseguido el protagonismo con sus cuatrocientos euros para los parados de larga duración, aunque a posteriori se le haya afeado lo cicatero del alcance de la medida, de la cobertura de la disposición, del parche que suponía y de la improvisación con la que lo hace todo. Pero nadie puede decir, porque sería una canallada, que no se ayude en la medida de lo posible a quienes se quedan sin nada. Lo lamentable es que se han quedado a dos velas por la política económica de Zapatero, y ahora resulta que le van a estar agradecidos a Zapatero, que va a apuntarse el tanto con el dinero de los demás.
Pero, mientras se apaga esta polémica, surge otra, en la que se vuelve a demostrar la falta de criterio gubernamental, la confusión interna, la falta de palabra o, de nuevo, el reinado de la ocurrencia inmediata sin calibrar las consecuencias: la subida de impuestos.
Después de múltiples promesas en sentido contrario, un Gobierno que se ha quedado sin caja con sus absurdas ocurrencias como la del Plan E (que, por cierto, hará muy bien en investigar la Justicia, porque ha sido tal chapuza que bastantes aprovechados han podido sacar tajada) no piensa otra cosas que en dar una vuelta de tuerca a las clases medias.
Pero eso hay que hacerlo con mimo, porque puede costar votos. Por eso, a Zapatero se le ocurre la genialidad: quitamos otra vez los cuatrocientos euros que nos regalamos sin sentido ( porque estamos lejos de una cita electoral) y, además, anunciamos impuestos a las plusvalías y a la renta. Que se joroben los ricos.
Naturalmente, a los ricos la tal medida les trae al fresco. Su dinero está sólidamente amarrado en sociedades que apenas pagan impuestos y, además, si se gravan los capitales, pues se llevan los capitales.
Es decir, sólo a Zapatero se le ocurre, en plena crisis, asustar al capital inversor, justo cuando más débil está nuestra economía.
Apuesto lo que sea a que esto último, el aumento impositivo a las rentas del capital, también lo rectificará Zapatero. Porque no da una, aunque siempre le sirve políticamente cada iniciativa extravagante durante el rato imprescindible para que no le tiren tomates a su paso.
Pero, mientras se habla del campeón Zapatero contra los ricos, del solidario Zapatero con los parados, del sindicalista Zapatero contra los empresarios, los españoles veremos cómo nos suben impuestos indirectos por todos los lados y cómo desaparecen de nuestro IRPF las deducciones de cuatrocientos euros. No a todos, claro, porque siempre hace falta tener un nicho electoral. Sólo a determinadas clases medias, autónomos, pequeños empresarios y profesionales, que no pueden dejar de votar a Zapatero porque ya lo hicieron en su mayoría por su manifiesta incompetencia.
Zapatero pasará a la historia como el más sabio de los gobernantes españoles, porque rectificar es de sabios y eso lo hace el presidente todos los días.
En su mano está, sin embargo, la conducción del país contra la crisis, y ésa es la noticia más preocupante. Por eso, como hay que hacer propuestas constructivas, creo que más útil que confiar en el Gobierno puede ser volver a las rogativas. No está probada su eficacia, pero todas las sociedades las han empleado cuando la cosa va mal, cuando no llueve o cuando viene la peste. En nuestro caso, no sé si unas procesiones servirían de algo, pero seguro que más que la gestión del Gobierno.
Postdata comunista:
Hay que reconocer que la humanidad ha evolucionado en cortesía y buena educación. Porque, quién se hubiera imaginado a Lenin pidiendo audiencia con el Zar para explicarle cómo iba a ser la Revolución de Octubre; o a Danton y Robespierre explicando a Luis XVI las razones morales de su decapitación. Y, sin embargo, aquí el líder comunista Cayo Lara ha tenido la amabilidad de explicar al Rey cómo será la Tercera República.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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