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Mala educación en España

sábado 05 de septiembre de 2009, 02:55h
Una de las múltiples promesas de José Luís Rodríguez Zapatero en el último debate sobre el Estado de la Nación fue la de dotar a todos los alumnos de 5º de primaria con un ordenador portátil para cada uno. También anunció la instalación en todos los centros públicos de pizarras interactivas, aulas con conexión a internet y toda suerte de avances tecnológicos. Pero parece que, como tantas y tantas promesas del líder socialista, habrá que esperar. Eso sí, el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, se jactaba ayer en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de la puesta en marcha del plan para la modernización de la enseñanza. Al menos para medio millar de niños españoles, de momento los únicos beneficiarios -y a título experimental- del programa en cuestión. El resto tendrá que esperar.

Por desgracia, llevan demasiado tiempo esperando. La enseñanza en España es una asignatura pendiente en la que el Gobierno actual suspende estrepitosamente. Y eso que el Plan “Escuela 2.0” tiene aspectos realmente positivos, como el de la modernización de las aulas y el material escolar. Pero no se puede empezar la casa por la ventana. En primer lugar, no se ha contado con las comunidades autónomas para designar una partida presupuestaria conjunta en una materia, la educación, con tantas competencias transferidas. Calidad e igualdad deben ir parejas, para que no haya discriminaciones entre distintas regiones. Y por descontado, un currículum uniforme garantizaría que lo que se le enseña a un niño de Lérida lo puede aprender igualmente otro de La Coruña. Al mismo tiempo, debe primar el esfuerzo y la responsabilidad y no pasar curso por sistema, como hasta ahora. Asuntos todos ellos prioritarios para mejorar la calidad de una enseñanza que ostenta el dudoso honor la de ser una de las que presenta mayor índice de fracaso escolar en toda Europa. Porque sí, bien está que se de ordenadores a los niños, pero ha de hacerse mucho más y muchas otras cosas. Como diría Ortega, “no es eso, no es eso”.

Y es una lástima. En un país actualmente desnortado y deprimido, carente de propósitos y objetivos, la educación podría haberse convertido en una meta ilusionante. Suárez proyectó la bandera de la transición democrática que el país acogió con ilusión y implementó con éxito; Felipe González, la incorporación a Europa; y Aznar, colocarnos en el Euro y en el centro de la política internacional. El Presidente Zapatero podría haber lanzado el objetivo de colocarnos en el pelotón destacado en educación e investigación: una de las pocas cosas positivas en las que parece creer y que además le hubiera conectado con la tradición del socialismo histórico, del que tanto se ha alejado en otros aspectos.
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