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Silvio, el Follador susceptible

domingo 06 de septiembre de 2009, 19:34h
De regreso de sus vacaciones, Berlusconi ha decidido inaugurar el anunciado “otoño caliente” atacando a cara descubierta a prensa e Iglesia, voces discordantes del coro de consensos a sus gestión política. Por este motivo, ha querellado y demandado el periódico italiano La Repubblica que, desde hace varios meses, publica 10 preguntas relativas a sus andanzas sexuales y uso de aviones oficiales y a L’Unità, muy crítico con su gestión política. Además ha decidido demandar a algunos diarios de Francia, España y Reino Unido, culpables de una campaña difamatoria contra su persona. Al mismo tiempo, Il Giornale, diario de propiedad de la familia Berlusconi, ha publicado una información contra el director de L'Avvenire, el órgano de la Conferencia Episcopal italiana, acusando a Dino Boffo de haber sido procesado por acosar a una mujer con cuyo marido, sostiene Il Giornale, el periodista mantenía una relación homosexual. Debido a los brutales ataques a Boffo, el Vaticano canceló abruptamente la cena, prevista desde hace semanas, que debía celebrar Berlusconi con el cardenal Bertone en L'Aquila con ocasión de la "Perdonanza Celestiniana", ceremonia por el perdón de los pecados, una indulgencia plenaria especial de la que el mandatario italiano parece necesitar más que nadie. Silvietto olvida que en Italia la Iglesia representa un poder fuerte y que un Gobierno que hace la guerra al Vaticano tiene los días contados. ¿Bastará su poder ideológico-mediático-propagandístico para sanar la herida?

La decisión de llevar a un periódico frente al tribunal civil por formular “preguntas incómodas” representa un primus que responde a una estrategia de intimidación, mientras, a la par, se desacreditan a los periodistas y periódicos críticos. En una democracia, ¿puede un líder político querellar un periódico sólo porque formula preguntas “incómodas”? Antes se decía que preguntar es lícito, contestar es cortesía: es un derecho de un periódico preguntar y un deber de un hombre de gobierno ofrecer respuestas, sobre todo si las cuestiones versan sobre asuntos de interés público. ¿Representa un crimen subrayar las contradicciones de un hombre que marcha orgulloso de sí en el Family day y se propone castigar con la cárcel los clientes de las prostitutas? ¿Existe en Italia una relación normal entre la prensa y el poder? ¿Se puede criticar al primer ministro o no? Y, en el silencio de la Unión Europea, de la OTAN, del G8, la denuncia contra la prensa internacional denota el miedo por no poder controlar todo y la vulnerabilidad de un personaje controvertido. Frente a este manifiesto intento de recortar el espacio democrático, Berlusconi muestra una vez más su deseo de manipular la realidad, de reducir los hechos a opiniones discutibles y de convertir la mentira en verdad.

A la luz de interés mediático despertado, la decisión de atacar a los medios “desobedientes” parece un grave error, ya que la denuncia está teniendo más eco que las acusaciones mismas. Con estas últimas decisiones, Berlusconi parece estar alimentando la anomalía italiana en tema mediático: además el primer ministro comete un ingenuo error si considera que un presidente democráticamente elegido pueda portarse como mejor considere, preservando sus intereses y olvidando su cargo institucional. La legitimación de un líder no está sólo en las urnas, sino también en el respeto de los electores, sean sus votantes o no, de los valores democráticos, del ehtos democrático. Todo esto se podría considerar ridículo si no fuera trágico para Italia: Berlusconi es un presidente megalómano afecto por delirio de omnipotencia, que sigue mintiendo (decía Montanelli “mentiroso sincero”), que actúa como si no viera la grave crisis económica que ahoga al país, que intimida las voces opositoras, que provoca la reacción indignada de la Federación de los periodistas Europeos (Efj) y de la Federación Internacional (Ifj) que le acusan de “venganza mediática” por la querella contra La Repubblica y los ataques a L’Avvenire, que parece afecto de satiriasis, una especie de sexual addiction.

Finalmente, Berlusconi parece haber inaugurado una nueva etapa en Italia, una especie de pornocrazia, caracterizada por un falso moralismo, una hipocresía excesiva donde los vicios privados esconden las virtudes públicas. No obstante, el cavaliere sigue siendo producto de este país, encarnando sus vísceras profundas, ostentando su virilidad sempiterna, extremando sus vicios y excediéndose en sus acciones. En esta etapa de decadencia italiana y, de reflejo europea, Berlusconi representa un fenómeno peligroso, patético y preocupante, una anomalía normalizada que se enraíza en el país. Los escándalos están poniendo en un segundo plano los graves problemas nacionales mientras el presidente parece hacer todo lo posible por confirmar a nivel internacional la imagen estereotipada de Italia. Quizás no tenga razón Roberto Benigni cuando dice que “Igual que tenemos a Fabio Massimo el temporizador, o a Alejandro Magno El Conquistador, ¡él quiere pasar a la historia como Silvio El Follador! Así que os lo digo yo: ¡ha pagado bajo cuerda a las prostitutas para que hablaran! Quiere que todos conozcan su potencia sexual, tiene 73 años”. Mientras en Nueva York y Milán ponen carteles publicitarios que lo retratan a lo Al Capone, sigue repitiendo que su conducta es recta y propugna los mejores valores: de esta manera, Berlusconi desmiente las acusaciones sobre su poco conocimiento del latín ya que parece hacer suyo el epitafio de las “Metamorfosis” de Ovidio “video meliora proboque, deteriora sequor” (veo las cosas mejores y las apruebo, pero persigo las peores).
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