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Los nuevos bloques

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 07 de septiembre de 2009, 22:19h
Es un axioma admitido y que nadie discute que la división bipolar del mundo en los dos bloques enfrentados durante la Guerra Fría desapareció con el hundimiento del comunismo en Europa y la desintegración de la Unión Soviética. A partir de entonces algunos hablaban de un mundo unipolar –por la indiscutible preeminencia de los Estados Unidos y la enorme distancia que le separaba económica y militarmente de la siguientes potencias- y otros preferían insistir ya en la multipolaridad, convencidos de que las llamadas potencias emergentes, como China o India, por no hablar de Rusia, serían en un futuro muy próximo protagonistas imprescindibles en el gran juego político, económico e incluso cultural del mundo globalizado. Al mismo nivel que los Estados Unidos. Pero lo que nadie parecía ya poner en duda es que el mundo partido –y no precisamente “por gala”- en dos, el mundo de la autocracia comunista, bajo la férula de Moscú, y Occidente, también llamado “mundo libre”, el de las democracias y los derechos humanos se había esfumado. En el plano puramente militar y defensivo, desvanecida la amenaza, Occidente se había quedado sin enemigo, hasta el punto de no pocos exigieron la desaparición de la OTAN, el gran instrumento de defensa mutua de las democracias del mundo libre.

Pasados veinte años de aquellos históricos acontecimientos, que quedaron simbolizados por la caída del Muro de Berlín, hay suficientes elementos, en el ámbito internacional, para pensar que, nuevamente, se están configurando dos bloques. Dos bloques, desde luego muy diferentes a aquellos otros dos, tanto por su menor cohesión interna e incluso por su mayor complejidad interior, así como porque carecen de una “dirección central”, por decirlo de alguna manera, como la que en aquellos tiempos representaban Washington y Moscú. En aquellos bloques los aspectos geopolíticos e ideológicos eran los predominantes y los que constituían sus señas más visibles de identidad. Y eran también fundamentales los aspectos militares que llevaron al mundo a lo que se denominó “el equilibrio nuclear del terror”. En la actualidad, siguen existiendo factores geopolíticos –siempre los hay en el escenario internacional- y existen, sin duda, elementos ideológicos, muy distintos en apariencia de los que constituían el dualismo democracias liberales- comunismo, pero acaso no tan diferentes. Siempre recuerdo lo que me dijo, hace ya varios años, un ilustre senador colombiano: “Ustedes los europeos están muy contentos porque el comunismo ha desaparecido, pero no se preguntan adónde han ido los comunistas”. Su tesis era –y se refería, claro está, a las FARC- que los comunistas se habían reciclado y que seguían luchando contra todo lo que significaba la democracia liberal y la economía de mercado de otra manera y con otros instrumentos. Y cuanto más tiempo pasa más acertado me parece el diagnóstico del político colombiano.

¿Cuáles son lo nuevos bloques? Evidentemente el primero de esos nuevos bloques es el que se llamó Occidente o “mundo libre”, pero con enormes diferencias al de hace treinta o cincuenta años. Las dos orillas del Atlántico han perdido intensidad y proximidad en sus relaciones, como consecuencia de que Europa ha dejado de ser el eventual “campo de batalla”. Los europeos ni se sienten amenazados ni aceptan la primacía de los Estados Unidos. Por ejemplo, Washington afirma que la de Afganistán es una “guerra necesaria”, pero las opiniones públicas europeas no se lo creen y, en consecuencia, sus gobiernos racanean ante los compromisos asumidos. Es el mismo bloque pero más cuarteado, menos asustado y, por ello, menos disciplinado y coherente..

Pero lo más interesante es el otro bloque, que ya no es el bloque comunista, aunque algunos de sus componentes procedan de aquello, así como otros vienen del llamado entonces mundo “no alineado”. Después del breve espejismo de los años noventa, es evidente que Rusia ni pertenece a Occidente ni lo desea. Ve al mundo de otra manera y ahí está Putin que tiene su versión particular –y muy pro-soviética- de cómo empezó la Segunda Guerra Mundial. Nada sorprendente pues el mismo Putin ya dijo que la desintegración de la Unión Soviética había sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”. Ya no tiene el papel dirigente de la época de la Guerra Fría, pero está decidida a recuperar su vieja esfera de influencia y mira con simpatía a todos cuantos se oponen al “imperialismo americano”. Aquí aparece Chávez que ha tomado el relevo de Castro y, mucho más activamente, está constituyendo un bloque latino americano, netamente opuesto a la gran potencia del continente, con recursos que nunca antes había tenido y con lazos cada vez más estrechos con países como Irán, Siria o Libia. Honduras es en este momento la última pieza que se discute, un caso curioso ya que Obama parece apoyar al bando chavista, definido por su antiamericanismo militante. En suma, se trata de un bloque disperso, pero cada vez más definido, sobre el que habrá que volver muy a menudo en el futuro. Otro elemento de curiosidad es el que representa España, cuyo Gobierno actual no parece tener claro en cuál de los dos bloques le gustaría estar. En suma, no hay, por fortuna, “guerra fría”, pero se van configurando dos bloques, más informes, sin duda que aquellos otros, pero no menos conscientes de sus respectivas y diferenciadas identidades.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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