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reseña

Salvador Dalí: Diario de un genio

viernes 11 de septiembre de 2009, 13:39h
Salvador Dalí (1904-1989), artista versátil, polivalente, y afortunado poseedor de la Musa Universal, Gala, provenía de una familia catalana que le cargó con todo un abanico de obsesiones freudianas; “obligado” a resolverlas en público, se acercaría en cierto momento de su arte al movimiento surrealista, pronto abandonado en busca del camino propio.
Salvador Dalí (1904-1989), artista versátil, polivalente, y afortunado poseedor de la Musa Universal, Gala, provenía de una familia catalana que le cargó con todo un abanico de obsesiones freudianas; “obligado” a resolverlas en público, se acercaría en cierto momento de su arte al movimiento surrealista, pronto abandonado en busca del camino propio. Diario de un genio, como una humilde constatación de un hecho conocido mundialmente, no es la primera publicación de la obra literaria daliniana en Tusquets Editores. Anteriormente se han publicado Los cornudos del viejo arte moderno y El mito trágico de “El ángelus” de Millet. El título que nos ocupa ahora se publica por primera vez en la colección Maxi de bolsillo, habiendo aparecido su primera edición en La Table Ronde, en 1964, bajo el título “Journal d’un génie”.

Dado que se trata de un diario, difícilmente se podría aplicar el modelo aristotélico a este texto. No hay planteamiento-nudo-desenlace. Toda palabra es un desenlace. Y un planteamiento a la vez. No existe el desarrollo lineal, como tampoco hay flashback. Mejor dicho, todo el diario es un flashback y un flash-forward, una vuelta hacia delante. Todo es un sueño. O una pesadilla, según se mire. La “acción” arranca el 1 de mayo de 1952, y se abre con una cita de… Freud, por supuesto. La figura del padre del propio Dalí, quien forja el ateísmo en el niño-Dalí, se funde con la del padre del psicoanálisis; las escamas de un pez podrido son la continuación de la escama eterna en la comisura de la boca de Dalí; la adoración de Vermeer y el desprecio hacia Eluard; la fe recobrada en 1949 tras la expulsión, quince años antes, de las filas de los surrealistas, debida a su rechazo del control sufrido, con la misma intensidad que en la familia, en medio de los supuestos librepensadores… Todo ello, apoyado en los detalles escatológicos que confirman la validez de su método crítico-paranoico de análisis.

Acompañado además de una serie de fotografías e ilustraciones, el lector encontrará un texto sumamente personal y particular, a menudo interrumpido por el anagrama Dalí-Gala, fusión apolínea de dos seres, imprescindibles para que ese tándem funcione en el teatro de la vida y en la vida del teatro, escrito a diario por el Salvador del arte moderno.

Por Violetta Brázhnikova
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