¿El PSOE respetable frente a Zapatero?
martes 15 de septiembre de 2009, 03:08h
No descubrimos nada si afirmamos que la presencia de un partido socialista sólido y serio es un activo fundamental para el sistema político español. Y así ha sido desde la Transición hasta el 2004. Pero todo cambió con la llegada al poder del actual Presidente. Un político local, monolingüe, sin especialidad ni profesión definida, pero muy sagaz, rápido, un gran táctico, excelente comunicador y mejor actor, el señor Zapatero ha usado y abusado de la flexibilidad y cintura de quienes son capaces de cambiarlo todo al vaivén de los sondeos. Ha roto la sociedad constituyente con el centro-derecha que fundamentaba la política española desde 1978, ha convertido un partido internacionalista en un socio preferente del nacionalismo secesionista, ha cambiado una “polis” de ciudadanos por una confederación de territorios con “derechos históricos”, esos que cualquier militante de izquierda creía abolidos al compás de la “Marsellesa”.
Durante varios años, el señor Zapatero ha emprendido con éxito opciones radicales y divisorias, con preferencia a políticas socialistas, ha ocultado la crisis, jugado con la economía y ha convertido la política energética en un tema de pancarta. Y lo ha hecho con un éxito considerable en la opinión, independientemente de los que los resultados, desde otros puntos de vista, puedan parecer penosos. Pero, de un tiempo a esta parte, la realidad empieza a llamar a su puerta. Y ha comenzado por sus correligionarios más serios, más competentes, más fiables y más reputados. Su control del partido es férreo y absoluto. Sin embargo, la renuncia a su escaño parlamentario del ex vicepresidente económico Pedro Solbes no ha debido de sentar bien en Moncloa. Peor aún en Ferraz, donde más de un militante se estará preguntando qué pasa en el PSOE para que su gente de más valía hagan mutis por el foro. No en vano, Solbes es el tercer ex ministro que abandona el Hemiciclo en dos semanas, siguiendo los pasos de César Antonio Molina y Jordi Sevilla. A Jáuregui se le ha enviado a Europa; Solana, no regresa, a Felipe González no se le escucha y Joaquín Leguina lleva en el ostracismo lúcido desde hace tiempo.
Probablemente, la distancia que separa la calle Ferraz del Palacio de la Moncloa sea ahora más grande que nunca. Molina, Sevilla y Solbes han sido tres de las personas mejor preparadas que hayan ocupado una cartera ministerial, sin olvidar a los nombres relevantes antes citados. La trayectoria profesional anterior de todos ellos les avalaba, así como sus formas y “talante”, siempre en consonancia con su valía intelectual. A su marcha hay que sumar la de muchos de sus colaboradores -David Vegara, por ejemplo-, incapaces de comulgar con las ruedas de molino económicas que la oficina económica de Moncloa perpetra. Por no hablar de aquellos que ocupan puestos de responsabilidad, y cuya voz autorizada ha cantado las verdades del barquero en más de una ocasión, caso de las opiniones de Miguel Angel Fernández Ordóñez, Joaquín Almunia o el propio Leguina.
José Luís Rodríguez Zapatero debería reflexionar acerca del mazazo de confianza que tal gesto supone. Se van Solbes, Molina y Sevilla; se quedan Pajín y Aído: un símbolo que no se arregla con la cuota femenina y el puño en alto. Quizá sea el momento en el que todos aquellos socialistas que se quejan en voz baja sobre el errático rumbo del Gobierno la eleven para intentar reconducir la situación. En sus manos está.