Esperanza Aguirre se sintió como Obama en la Asamblea de Madrid
miércoles 16 de septiembre de 2009, 22:01h
Así lo confesó, bromeando, ante la curiosidad que había despertado su intervención, la propia presidenta madrileña en los pasillos de la Asamblea de Madrid. Acababa de bajar de la tribuna después del discurso de 128 páginas con el que se inició el pasado martes el debate sobre el Estado de la Región y cuya novedad más comentada, a pesar de su nulo carácter político, fue la utilización durante el mismo del telepromter, un artilugio electrónico que funciona como una especie de autocue, en el que va apareciendo sobre un cristal transparente el texto correspondiente. Su continuado uso por parte de Obama, durante la larga y reñida campaña electoral norteamericana, ya despertó muchas críticas en su momento.
La verdad es que no se entiende muy bien el porqué de tanta crítica o comentario. ¿O es que lo importante ya no es el contenido, las ideas o las propuestas del político que lo utiliza? Claro que sí. Lo que ocurre es que en el caso de Esperanza Aguirre, auténtico ojo de halcón, el dichoso aparatito a algunos les produce terror. Con el telepromter, la “presidenta de hierro” ya no pierde ni siquiera una fracción de segundo en bajar la mirada hacia el folio ni en pasar página. Lo que le faltaba, debieron pensar muchos. Y con razón. La presidenta miraba uno a uno a los diputados y todos sabían que no iba a haber un momento de despiste para salir a echar unas caladas, beberse un café calentito en este frío final de verano o, simplemente, ir al baño. Esperanza vigilaba. Hasta el alcalde de Getafe, invitado en la Asamblea, se llevó una regañina cuando Aguirre le acusó de no prestarle atención, a pesar de que en ese momento estaba explicando el caso del polígono industrial de La Carpetania, un consorcio entre el Ayuntamiento de Getafe y la Comunidad de Madrid, que ha salido torcido, según Aguirre, por culpa del municipio de Getafe, a pesar de que ahora, el mismo se dedique a gastar dinero público en publicidad para acusar a la Comunidad de la destrucción de empleos en el citado proyecto. Y es que mientras Aguirre hablaba del tema, Pedro Castro jugaba, o a lo mejor sólo disimulaba, pulsando las teclas de su Blackberry.
Y si el alcalde de Getafe se escondía para ignorar ostentosamente a la oradora, el portavoz de IU, Gregorio Gordo, parecía, en cambio, uno de esos muñecos de la ventrílocua Mari Carmen. El señor Gordo movía teatralmente la boca mientras Aguirre le contestaba, con la contundencia que la caracteriza, punto por punto y con datos concretos, algo que no es muy usual en los políticos, pero que tampoco vale para nada si, como en el caso de la portavoz de los socialistas, Maru Menéndez, el discurso de la oposición se basa en la demagogia más profunda. Con frases pomposas como que Aguirre carece de un proyecto para la región y para los ciudadanos madrileños o delirantes acusaciones de falta de compromiso real con los desempleados de la región, con los autónomos y las pymes, demuestra que lo suyo es pura charlatanería. Pero si estando en el gobierno nacional, el PSOE echa mano incansablemente de la demagogia, ¿por qué va a extrañarnos que lo haga tan descaradamente cuando, como en Madrid, está en la oposición?
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Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
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