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A mitad del camino

viernes 18 de septiembre de 2009, 18:51h
El presidente Calderón ha emprendido el segundo tramo de su periodo en condiciones de extrema debilidad: además de haber sido derrotado en las pasadas elecciones de julio, ha perdido la batalla contra el ex presidente Vicente Fox. Los miembros de esta corriente se beneficiaron de los cambios en el gabinete y en Petróleos Mexicanos (Pemex); el foxista Manuel Espino, corrido de la dirección del PAN, es acogido nuevamente y, lo más grave, abandona el ideario de la corriente social cristiana que decía encabezar, a favor de la línea pro empresarial de los foxistas, aliada a la ultraderecha religiosa.

Sin embargo, el presidente ignora su debilidad o pretende ocultarla, lanzando un plan de ambiciosas reformas que, además de complejas en sí mismas, son inviables políticamente, ya que algunas requerirían cambios constitucionales.

Las propuestas planteadas van desde “frenar” el crecimiento de la pobreza hasta una política para que ésta deje de ser “sinónimo de conflicto y de parálisis de manera tal que un nuevo sistema genere acuerdos”. Entre una y otra, se se incluye una reforma “profunda a las finanzas públicas, otra económica, principalmente en el sector energético y en el laboral, así como una desregulatoria; naturalmente la salud, la educación y la lucha contra el crimen también son objeto de promesas, propias de una campaña electoral, no de un programa de gobierno.

En ningún momento, el presidente manifestó que enviaría las iniciativas de ley requeridas para modificar el orden jurídico y nada indica que estén preparadas, ya que hasta ahora no se ha dicho una palabra sobre el contenido de las propuestas. Su promesa de “reforma profunda” a las finanzas públicas, mediante “un extraordinario esfuerzo de austeridad y racionalización de la administración pública”, no se tradujo en la presentación del proyecto de presupuesto para 2010. Según datos de varias fuentes, en nueve años de gobiernos del PAN, el número y sueldos de los mandos superiores del Poder Ejecutivo se multiplicaron en forma escandalosa, aunque disfrazada: los nuevos puestos, homólogos al de subsecretario [Secretario de Estado], sumaron 79; las direcciones generales se incrementaron de 644 a 968, las adjuntas, de 782 a 1 247, y las de área, de 2 938 a 5 069. El salario anual de un subsecretario es de alrededor de 250 mil dólares; el de un director general, de 150 mil, y el de un director de área, de 80 mil.

En el proyecto de presupuesto para 2010 desaparecen, a medias, tres ministerios, pero una parte de ellos se incorporará a otros, como turismo que formará parte del de Economía. También se contemplan reducciones mínimas a los salarios: 5% cuando el gobierno de la Ciudad de México (en manos de la oposición) hace más de tres años los disminuyó en 10%. No hay, por consiguiente, ningún “ejemplo” de sacrificio para pedírselos al país, como el “impuesto para combatir la pobreza” del 2% a medicinas y alimentos, un IVA disimulado que desde hace nueve años los gobiernos del PAN han intentado establecer sin éxito. El proyecto de presupuesto también propuso incrementar en un 2% el gravamen a empresas y personas, amén de aumentos mayores a cigarrillos, alcoholes, telecomunicaciones, gasolinas, electricidad, etc. Huelga comentar que la propuesta de presupuesto ha sido objeto de un rechazo generalizado.

La invitación a modificar el sistema político para que “genere” acuerdos muestra que los panistas no han aprendido nada de los libros ni de la vida. Los acuerdos siempre han sido resultado de negociaciones entre seres humanos, así sea en una sociedad tribal o en una industrializada. Ningún sistema político “genera” per se acuerdo alguno

El presidente busca un acuerdo con base en la generosidad: esto, dijo, “no es una cuestión de partidos políticos”, porque “no importa qué partido o qué gobierno se lleve el mérito”. Curioso llamado cuando el próximo año habrá elecciones para gobernador en 10 entidades federativas (una tercera parte).

Este llamado a la generosidad llega con tres años de retraso, ya que debió hacerse al inicio de su mandato, cuando contaba con mayoría en la Cámara de Diputados, no ahora que sólo tiene poco más del 25%. En el lenguaje del poder, la generosidad es virtud propia de los fuertes. En los políticamente débiles es mendicidad.
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