Crónica de Belgrado
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
viernes 18 de septiembre de 2009, 21:53h
Belgrado es una ciudad muy interesante. Brancov Most –el puente que toma su nombre de un poeta suicida- une las dos orillas que en el pasado marcaron la frontera entre el viejo Imperio de los Habsburgo y el Otomano. He vuelto a la ciudad por un Seminario Internacional y ya estoy por aquí caminando.
Tal vez sea que la Historia de los Balcanes es incomprensible sin los puentes. Mostar se llamaba así por su puente, y de un puente –un símbolo- trata la genial novela de Ivo Andric Un puente sobre el río Drina. Se cuenta que la intervención francesa salvó los puentes de Belgrado durante los bombardeos de la OTAN en 1999, y sobre ellos se bailaban danzas tradicionales como desafío a aquellos aviones que volaban demasiado alto para evitar bajas propias a costa –eso sí- de los daños colaterales.
De puentes trata, pues, esta columna. Serbia ha sido en su historia un camino, un cruce, una vía hasta el corazón de Europa y hasta el interior de Asia, es decir, hacia Rusia o hacia los dominios del Sultán. Por eso, esta tierra estuvo siempre debatiéndose –como quien se ahoga- entre Oriente y Occidente, entre Austria y el Sultán; entre las grandes potencias siempre. Así lo apreció el fundador de la Iglesia Ortodoza Serbia, San Saba, que nació príncipe y fue uno de los artífices del antiguo reino medieval. La semana pasada, Vuk Jeremic, Ministro de Asuntos Exteriores, recordaba sus palabras: Al principio estábamos confusos. Oriente pensaba que éramos Occidente mientras Occidente nos consideraba Oriente. Algunos de nosotros entendieron mal nuestro lugar en este choque de corrientes y afirmaban que no pertenecíamos a ningún lado o que pertenecíamos sólo a uno o a otro. Pero yo te digo, Ireneo, que estamos destinados a ser Oriente en Occidente y Occidente en Oriente, a reconocer ante nosotros sólo a la Jerusalén celeste y a ninguno aquí en la tierra.
San Saba lo vio hace siglos y yo- perdónenme la irreverencia- lo sigo viendo hoy desde la terraza de Kalemegdam, la fortaleza turca que domina el cruce de los ríos Sava y Danubio (más cruces, más ríos, más puentes). Jeremic ha afirmado la vigencia de esta visión de Serbia. Así que su país continuará con la mirada puesta en la Unión Europea; mantendrá su vínculo con los Estados Unidos; fortalecerá su relación con la Federación Rusa y conservará su alianza estratégica son la República Popular China. Además, Serbia potenciará su relación con otras naciones, incluidos los países no alineados. He tenido ocasión de conocer la Escuela Diplomática de Serbia y a algunos de sus jóvenes diplomáticos, y el futuro no puede ser más prometedor para ellos. Su director, el Embajador Bozin Nikolic, puede estar muy contento por el magnífico trabajo realizado.
Aquí, en el corazón de Europa, se debate una vez más lo que nuestro continente quiere ser. Por desgracia, el Acuerdo de Asociación y Estabilización continúa bloqueado debido a la posición de los Países Bajos y Bélgica, y esto mantiene la situación en un impasse. Se dice que el desbloqueo depende de la cooperación de Serbia con el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, pero cada vez es más difícil justificar la situación actual. Todos los serbios están sufriendo las consecuencias de una decisión política que minusvalora la cooperación que Serbia viene brindando al Tribunal. Recordamos, sólo como ejemplo, la detención de Karadzic el mes de agosto pasado en Novi Beograd.
Por otra parte, nadie puede exigir a Serbia que mire de brazos cruzados cómo pasa el tiempo mientras el acuerdo sigue congelado. El generoso programa de privatizaciones acometidas desde el año pasado ha beneficiado a empresas europeas, pero también, por ejemplo, a compañías rusas. La cuestión del gas, por otra parte, tiene aquí uno de sus frentes: el gasoducto South Stream pasará por Serbia y se espera que esté terminado en 2015. La pretrolera NIS viene gozando de la inversión rusa mientras es habitual ver a hombres de negocios rusos en los mejores restaurantes de Belgrado.
Camino por Brancov Most desde el centro. Paso junto a Staro Sajmiste, el campo de concentración donde los nazis y sus colaboradores asesinaron a unos 48.000 judíos, gitanos y serbios. Siempre me sobrecoge la torre que se conserva a pocos metros del monumento que recuerda a las víctimas. Una placa conmemora la liberación del campo. Yugoslavia perdió en torno al 10% de su población durante la ocupación nazi y eso no debe olvidarse.
La Historia de Europa es incomprensible sin Serbia. Por aquí pasaron los otomanos en el siglo XV y los austriacos en la terrible ofensiva de 1915. En esta tierra se combatió piedra a piedra y valle a valle contra los nazis y los ustasha de Ante Pavelic. Desde esta ciudad se emitía cada noche Lili Marlene para todos los soldados de la Wehrmacht que combatían en Europa. En Belgrado vivieron y escribieron Ivo Andric y Danilo Kis.
Hoy, las parejas caminan cogidas de la mano mientras el sol se pone. Hay gente por la calle y en las terrazas. Media ciudad hace footing antes de ir a cenar con la otra media. Hay carteles de la gira de Leonard Cohen. Djokovic es un ídolo y se estrena Malditos bastardos, la última de Tarantino.En este lugar, puente entre Oriente y Occidente; entre el norte y el sur, se resume el significado de eso que llamamos Europa, un continente de caminos y puentes.
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Analista político
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