Bolonia y un joven Decano
José Manuel Cuenca Toribio
lunes 21 de septiembre de 2009, 16:14h
A las veces, el melancólico dicho francés “Si la juventud supiese y la vejez pudiera” quiebra su exactitud en el primero de los anhelos, aunque, hèlas, nunca o casi nunca en el segundo…
En vísperas del curso académico 2009-2010, tan grávido de afanes y desafíos de escala no pequeña, el articulista ha tenido la feliz oportunidad de conversar distendida y, para él, muy provechosamente con un docente universitario en el vigor de la edad y, por ende, de la esperanza. Su charla, claro, versó casi exclusivamente acerca del porvenir que la aplicación del Plan Bolonia abrirá para los estudios de Humanidades y, más en concreto todavía, sobre el futuro de las carreras englobadas en la ya muy descaecida denominación de Filosofía y Letras. Al plantearle el cronista al joven Decano los muchos temores que albergara en punto al concepto empresarial que semeja presidir no pocos aspectos de la controvertida ordenación boloñesa y las fatales consecuencias que su orientación darvinista podría entrañar para unos estudios de muy escaso “mercado”, de mucha oferta y mínima demanda en la bolsa social, recibió del lado de aquél una respuesta en gran medida tranquilizadora.
Ante todo, la formación generalista impartida en las aulas de Letras, por la dinámica misma que guía las líneas rectoras del famoso Plan, favorecerá de modo muy significativo tal preparación cara al objetivo final y vertebrador de todo el esquema situado en la enseñanza de los “Masters”, piedra angular, principio y fin de todo el edificio educativo construido en la bella ciudad italiana, de acendradas esencias universitarias. De otro lado, toda antinomia que se señale entre investigación básica en materias históricas, filológicas y artísticas implicará un reduccionismo excesivo e inexacto. El que la esteva de los llamados, por imperativo vocacional, a la especialización en saberes sin demasiado eco ni cotización en la opinión pública profundice en la gramática bajomedieval, el mundo homérico o los orígenes del feudalismo, constituirá una exigencia cultural siempre satisfecha en el contexto científico y académico alumbrado en Bolonia.
Naturalmente, no era un estrecho corporativismo ni una concepción elitista del Alma Mater, en perpetua adaptación a las condiciones ambientales por mor de su identidad más genuina, el pensamiento que conducía al articulista a expresar sus inembridables dudas sobre el futuro institucional y docente de las Humanidades a su mesurado y animoso colega. Era la cosmovisión que hiciera de Europa el núcleo más creador hasta ahora de la aventura de mujeres y hombres la que el primero veía con enorme incertidumbre y en trance de irremediable extinción, conforme a los aparentes dictados o, más exacta y antiprejuiciosamente, al desarrollo de las premisas capitales de la nueva regulación –“Espacio de Estudios Superiores”, según la jerga bruselense- de las carreras universitarias.
Por supuesto que las inquietudes no se disiparon por entero tras el diálogo mencionado: es mucha, en la actualidad española y planetaria, la fuerza del pragmatismo, de la rentabilidad inmediata y “práctica” del conocimiento… Pese a ello, sin embargo, si el rumbo de la Universidad lo trazan profesores de la responsabilidad y calidad ética y cívica del que ha inspirado este artículo, su emborronador continuará, desde un talante semiescéptico por años y oficio, confiando en la juventud.