Zelaya y sus aliados
miércoles 23 de septiembre de 2009, 00:50h
El personal de la embajada de Brasil en Honduras se enfrenta estos días a una situación tan embarazosa como imprevisible. La culpa de ello la tiene Lula, quien ha permitido que el depuesto presidente Zelaya acudiese –para atrincherarse- a la legación diplomática brasileña, con todo lo que ello implica. De hecho, los disturbios en Tegucigalpa no han cesado desde que Zelaya se dirigió a sus seguidores desde una ventana de la embajada. Sus palabras, lejos de resultar conciliadoras, han añadido todavía más tensión a la ya de por sí convulsa vida política hondureña.
Honduras necesita una estabilidad que perdió en el momento en que Zelaya empezó a traicionar a su propio partido, enfrentándose al Congreso y al poder Judicial, para caer en brazos de Chávez. El líder bolivariano ansiaba tener otro peón en Centroamérica -aparte del nicaragüense, Daniel Ortega- que le resultase útil para sus espurios intereses. Pero la sociedad hondureña se plantó. Conviene recordar que las más altas instituciones judiciales y políticas de Honduras respaldaron el nombramiento de Roberto Micheletti en sustitución del Zelaya, que había incurrido en desacato del Supremo, contando además con el respaldo unánime de las fuerzas armadas por orden del Alto Tribunal. Tanta unanimidad en contra de Zelaya debería dar que pensar; máxime cuando detrás de él está Hugo Chávez.
Precisamente por eso, no sorprende que el avión en que llegó Zelaya fuese venezolano. Pero sí que quien le de cobijo sea Lula; alguien, por otra parte, representante de la izquierda sensata en el continente, junto con Bachelet en Chile. La situación en Honduras la deben de resolver los hondureños sin ingerencias extranjeras, y menos aún bolivarianas. Lula se ha metido en un embrollo que bien podía haberse evitado. Ahora tendrá que afrontar las consecuencias.