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Cooperando

miércoles 23 de septiembre de 2009, 16:46h
Mi amiga toledana dice con alevosía, más bien amenaza, cuando está en África: “¿A que te coopero?”. El verbo cooperar podría convertirse en transitivo, si la RAE además de limpiar, fijase y escuchase con esplendor. Y no lo dice por decir sino que sabe de lo que habla cuando tras haber redactado un proyecto donde las palabras transversal y efecto multiplicador han de aparecer al menos cincuenta veces, dicho proyecto es galardonado con una subvención y ahora toca implementarlo y después lo evaluamos.

Desconozco los motivos últimos por los que algunas personas dejan su lugar para apropiarse del lugar de otros. Si los escuchas, su relato se convierte en una letanía agonizante de los pesares, de los malos momentos, de incomodidades y arrebatos de ira, de propuesta de beatificación para el jamón serrano. Sí conozco los motivos por los que algunos han dejado su lugar para no-apropiarse del lugar de otros, sino compartirlo y mejorarlo por algún tiempo, dar algunas pautas, intentar enderezar sin vestirse de Mesías. Eso sí lo conozco. He visto sus ganas, su entusiasmo, su honestidad y su valentía para desfacer entuertos diarios. Conozco su esfuerzo y su frustración porque en pocos meses apenas puede enderezarse una tragedia de siglos.

Este grupo que no es ni neo-hippy ni neo-rácano no vive encadenado a las subvenciones de la AECID ni de mayor quieren ser cooperantes profesionales. La cooperación no puede ser una profesión, es más bien una actitud ante la vida, lo que pasa es que ahora se ha puesto de moda por cierta relación monárquica de primer grado. Viste mucho estar fuera, sobre todo si vas de Coronel Tapiocca (es la segunda vez que cito esta marca en mis artículos, lo digo por si algún responsable de marketing quiere honrarme con su aprecio). Decía que viste mucho estar fuera, aunque nadie sepa exactamente qué has estado haciendo y a lo mejor sólo has hecho un cameo en la vida de un grupo de gente que ya ni se acordará de tu nombre. Ahí estriba la diferencia entre cambiar la circunstancia o sólo visitarla. Ignacio Vidal-Folch lo cuenta mejor que yo en “Turistas del ideal” y lo cuenta acerca de los intelectuales comprometidos….con su salón. Es desternillante. Le propongo al Señor Vidal-Folch una secuela: “Cooperantes del proyecto”.

Mayte Ortega Gallego

Coordinadora de programas de la Comisión Europea

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