A las nueve de la mañana de este miércoles, la mitad de sus señorías no había acudido a su puesto de trabajo en el hemiciclo del Congreso de los Diputados. “¡Vámonos de pellas, que no están los jefes!”, debieron de pensar quienes cobran más de 3.000 euros al mes a pesar de llevar dos años con los sueldos congelados.
L a culpa, para variar, es de Zapatero, que se ha ido a los Estados Unidos a ver a Obama; y de María Teresa Fernández de la Vega, que está aún convaleciente de su oclusión intestinal (¡qué desalmado el responsable de que toda España sepa que la señora vicepresidenta padece ese tipo de oclusión, qué mal gusto, que escatológico!); y de Mariano Rajoy, que si el presidente no va a la Cámara, él tampoco porque no va a discutir con cualquiera, faltaría más…
Total, que a la sesión de control al Gobierno han ido los que preguntaban, los que tenían que responder y los que conservan la vergüenza torera. Los demás, de “asuntos propios”. Y mañana, ¡vacaciones! porque no hay proyectos pendientes de aprobar. ¿Y qué más da? Si España va sobre ruedas -en mi publicada opinión,
cuesta abajo, marcha atrás y sin frenos-, si no necesitamos a los depositarios de nuestra soberanía para nada, si no hay ni un solo asunto importante y urgente que afecte a los ciudadanos que representan, si nada merece su atención… Y además, trabajar es agotador: hay que madrugar, ponerse presentable, trasladarse a lugar de trabajo, despertarse y ponerse a la faena. Una paliza.
Ya sabemos que los novillos parlamentarios no son más que una reiterada anécdota que no tiene ni más ni menos importancia que el también reiterado hecho de que Zapatero se haya ido de viaje oficial, esta vez a los EEUU, con sus tres mujeres -esposa y dos hijas-, pero se trata de anécdotas significativas que simbolizan aquello en lo que se ha convertido nuestra clase política, otrora responsable y comprometida. Hoy, con la que está cayendo, no es de recibo que los diputados se escaqueen, que se les peguen las sábanas, que supliquen a mamá cinco minutos más en la cama porque son los directores de este circo y actúan en la pista central. Ellos no sólo tienen que velar por nuestros intereses sino que tienen que ser ejemplo de esfuerzo y dedicación, de responsabilidad y de sacrificio en tiempos difíciles porque son nuestros representantes y los españoles nos merecemos que nos representen con mayor dignidad. Los españoles nos merecemos, sin ninguna duda, una clase política mucho mejor que la que padecemos, y no es nada difícil conseguirla. Esta es la buena noticia.