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Las sanciones a Irán

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
viernes 25 de septiembre de 2009, 21:46h
El Presidente Barack Obama ha cancelado el plan del llamado escudo antimisiles que suscitaba la desconfianza rusa y creaba un clima de incertidumbre entre las dos potencias. Con los nuevos aires que soplan desde Washington, algunas de las cuestiones globales más candentes desde Afganistán al cambio climático van a tomar un nuevo cariz.

Por lo pronto, la reunión entre el Presidente de la Federación rusa, Dimitri Medvedev, y el de los Estados Unidos ha abierto la puerta a un endurecimiento de las sanciones contra Irán. Este asunto de las sanciones no termina de convencer a los rusos. Las admiten a regañadientes y proponen en su lugar incentivos positivos. Así, parecen preferir la fuerza de la diplomacia a la diplomacia de la fuerza. Esto es tranquilizador proviniendo de una gran potencia como Rusia.

Por otra parte, a los rusos les preocupa mucho diferenciar entre el programa nuclear iraní, que no debe destinarse a fines militares, y el régimen iraní, cuya caída no debe propiciarse. Dicho de otro modo, hay que aceptar las diferencias que hay en el mundo desde Evo Morales a los ayatollahs. Una cosa es impedir el desarrollo atómico de Irán para fines bélicos y otra bien distinta buscar un cambio de régimen que no gusta a Occidente. Sin embargo, es cierto que hay diferencias por el mundo –y esto es maravilloso- pero hay una diferencia insalvable entre una tiranía teocrática y una democracia moderna.

Así, las sanciones no son muy productivas –afirmaba Medvedev- pero a veces son inevitables. Conviene centrar el problema: Irán no es el amenazado sino que su régimen es la amenaza. La postura rusa es sensata, pero parece no tomar en consideración que el liderazgo iraní no tiene el menor interés en mejorar las condiciones de su pueblo. Carece, en ese sentido, del interés que le llevaría a optar por los incentivos positivos frente a las sanciones.

Éstas, en efecto, son inevitables, pero pueden ser –además- insuficientes. El régimen de Teherán insiste en amenazar a Israel con borrarlo del mapa mientras deslegitima su misma existencia negando el Holocausto y proponiendo su traslado a Europa. Erigido en supuesto defensor mundial de los musulmanes, el régimen sofoca su oposición interna –aunque sea la más moderada, no se vayan a creer- y fortalece sus relaciones comerciales con otros regímenes tiránicos.

Mientras tanto, la oposición democrática iraní –democrática en el sentido moderno, se entiende- está en el exilio y la oposición dentro del régimen, que tampoco son el colmo de la modernidad ni del progreso sufre la represión de un sistema que no tolera la disidencia. Las denuncias de torturas –a un muchacho le habían arrancado las uñas de los pies antes de matarlo- los asesinatos, los allanamientos y toda suerte de tropelías confirman que Irán dista de ser una democracia.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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