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América en español

Iciar Góméz: "Cuando estás lejos de tu país te pierdes en todos los sentidos"

lunes 28 de septiembre de 2009, 04:08h
Mientras que muchos jóvenes a su edad aún no se animan a abandonar el nido paterno o languidecen en empleos mileuristas, esperando sentados a que les llegue ‘la oportunidad de su vida’, Iciar Gomez salió de su casa, de su país, hace seis años para buscarla, a pesar de que las cosas ni parecían, ni fueron fáciles. Hoy es una joven empresaria de 32 años, copropietaria de una agencia de Traducción e Interpretación en Washington. Una self-made woman que, medio en broma, medio en serio, podría ser el ejemplo ideal del sueño americano.
Hace seis años que Iciar Gómez se lió la manta la cabeza y al terminar la carrera de Filología Inglesa, decidió continuar sus estudios con un master en Traducción e Interpretación en la Universidad de Monterrey, California. “No quería ser profesora, la Traducción e Interpretación siempre me habían gustado y, además, quería rematar mi inglés, así que decidí matar dos pájaros de un tiro”, cuenta. Todo ello, a pesar de que un profesor de su Universidad, la Autónoma de Madrid, le advirtió de que “los intérpretes no se hacen, nacen, y tú no tienes las condiciones necesarias”.

Hoy, seis años después, a sus 32, Iciar puede presumir de ser la copropietaria de Interpreneur, (www.interpreneur.com) una empresa de traducción e interpretación que dirige junto a una amiga, también española, desde hace cuatro años. El nombre de la empresa es un juego de palabras que fusiona el vocablo inglés enterpreneur, término que designa a las personas con iniciativa empresarial, y interpreneur, intérprete. “Poca gente pilla el concepto del nombre”, cuenta entre risas esta donostiarra que con 16 años abandonó la Bella Easo para vivir en Madrid con su familia, “la mayor parte piensa que es un error ortográfico”.

Sea como sea, el nombre le viene al pelo a Iciar que acude a nuestra entrevista algo agobiada porque un encargo de última hora le obligó a retrasarla respecto a la hora inicial. Porque si hay algo que la define es su afán emprendedor, su tenacidad y sus ganas de superación personal. Nos hemos citado en una concurrida cafetería en el corazón de Adams Morgan, el barrio más cosmopolita y popular de Washington, donde esta joven empresaria, alegre y muy simpática -tanto que cuesta imaginársela como la chica extremadamente tímida, que, según dice, era hace unos años-, se mueve como pez en el agua. Ahora todo va viento en popa; a pesar de la crisis, la empresa funciona a las mil maravillas, Iciar tiene montones de amigos y una vida perfectamente establecida en Washington. Pero eso no quita para que recuerde lo duros, durísimos, que fueron los principios.

Sola y sin contactos

Mientras el 90% de sus compañeros de master en Monterrey ya tenía trabajo asegurado antes de acabar el posgrado, Icíar, sin contactos y totalmente sola en EEUU, sólo tenía claro que ella quería ser intérprete de conferencia -el campo más exigente y más cerrado- y que nadie le iba a contratar por su cara bonita. Aprovechando que los EEUU conceden un año más de visado a quienes han estudiado un master en el país, Iciar se mudó a Washington para probar suerte. Allí tuvo que pasar siete largos y duros meses trabajando de camarera hasta que le salió su primer trabajo como intérprete. “Cuando estás en un país que no es el tuyo te encuentras perdida en todos los sentidos, llegué a Washington con una mano delante y otra detrás, sin amigos, sin contactos, sin dinero…”, cuenta mientras come apresuradamente un bocadillo.

Lo primero que hizo para “trabajar un poco de lo mío”, fue repartir currículos por todos los hospitales de la ciudad, que suelen requerir intérpretes de cara a los pacientes hispanos que no conocen el inglés, de forma que puedan comunicarse con los médicos. “Me pasaba todo el día de hospital en hospital, por toda la ciudad, y muchas veces perdía más tiempo en la sala de espera que interpretando”, recuerda. Todo ello, por supuesto, combinado con su trabajo de camarera por las tardes en un bar en el que apenas ganaba dos dólares por hora más propinas.

“Cada día me decía a mí misma, ‘me vuelvo a España, yo no he venido aquí a ser camarera’”, nos cuenta. Sin embargo, el orgullo y la “cabezonería” siempre acababan pudiendo, “volver me parecía una especie de fracaso personal. Me decía que podía hacerlo, así que seguí adelante”, afirma.

El que la sigue la consigue y, poco a poco, aunque de forma inestable, empezaron a surgir los trabajos de traducción simultánea que le permitieron dejar el empleo de camarera, al mismo tiempo que los amigos empezaron a llegar. Hasta que por fin llegó la “gran oportunidad”, en forma de contrato con un organismo internacional. Así fue como surgió la idea de montar Interpreneur junto con una amiga, también intérprete. Iciar ofreció al organismo que, en vez de contratarla sólo a ella, contrataran a las dos, en forma de empresa, de manera que los servicios de traducción e interpretación estarían siempre garantizados, independientemente de quien fuera la persona que los realizase. La organización estuvo encantada con la idea y así fue como Interpreneur comenzó su andadura y pronto fueron llegando nuevos clientes.

Una inversión de 200 dólares

“Montar una empresa en EEUU es mucho más fácil que en España. Aquí todos son facilidades y no tienes problema alguno por ser extranjero. De hecho, nosotras montamos la empresa ¡teniendo un visado de estudiantes!”, afirma. La inversión inicial fue mínima, “pusimos 100 dólares cada una”, y los trámites burocráticos se los hizo un abogado, “amigo de un amigo”, como favor, por apenas 500 dólares.

Gracias a las nuevas tecnologías, Iciar puede gestionar la empresa desde cualquier lugar del mundo, sin necesidad de tener una sede física. El cliente se pone en contacto con ella a través de Internet o por teléfono y ella le consigue el intérprete o traductor que necesite. “No tengo problema alguno en desconectar durante una semana entera del trabajo y, si estoy más tiempo fuera del país, como esta última vez, que he pasado un mes y medio en España, procuro ir echando un vistazo a todo”, explica.

Pero su labor no se limita a la gestión. Muchos de los trabajos los sigue haciendo ella misma y, todas las traducciones siguen pasando por su tamiz antes de ser entregadas. “Soy muy perfeccionista y tengo un estilo de hacer las cosas muy característico, así que nunca entregamos ningúna traducción sin que yo la haya repasado antes”, asegura.

“Lo más complicado es el trato con el cliente. Aquí se negocia todo y, al principio, pecas de pardilla y hay veces que incluso acabas perdiendo dinero por una mala negociación”, explica. La lucha continua también es por mantener las tarifas, “nosotros ofrecemos servicios de mucho nivel y eso tiene un precio”. Y es que hay empresas más baratas pero que “trabajan con traductores no sólo es que no tengan formación en Traducción e Interpretación sino que ni siquiera tienen estudios universitarios”, se queja.

Aunque el ritmo de trabajo es muy alto y “nunca sabes cómo va a ser tu semana”, Iciar asegura que está lejos del modelo ‘workoholic’ imperante en EEUU. “Aquí la gente tiene derecho a sólo dos semanas de vacaciones y muchos autónomos, como yo, pueden pasarse años sin cogerse vacaciones”, comenta.

Lejos de lo que pudiera parecer en un principio, Iciar asegura que no ha tenido problema alguno por ser extranjera para sacar adelante su empresa. Al contrario, “a todo el mundo le encanta todo lo relacionado con España y Europa” y, en su opinión, la sociedad española sigue siendo hoy en día mucho más “racista” y cerrada que la estadounidense.

Hoy por hoy, Iciar es el mejor ejemplo de una enterpreneur, una emprendedora vital que sabe crecerse ante las dificultades y que de la nada ha sabido construirse su mundo, demostrando que nada ni nadie saben mejor de nuestras limitaciones que nosotros mismos. Para concluir, comenta entre risas que le gustaría escribir a su antiguo profesor de la Autónoma para demostrarle que ella es el mejor ejemplo de que el 90% de los casos uno no nace sino que se hace.
Interpreneur. Youtube