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DESpués de 15 años

Trece millones de españoles vieron el duro debate entre los candidatos

martes 26 de febrero de 2008, 00:57h



Si la cara es el espejo del alma, el temor, la incertidumbre, quizás la prudencia, se dibujó en los rostros de los dos candidatos en el umbral de la puerta del Palacio Municipal de Congresos de Madrid, donde fueron recibidos por la portavoz de la Academia de la Televisión, Concha García Campoy y, el conductor del debate, Manuel Campo Vidal. Mientras uno intentaba abrocharse los botones de la chaqueta, el otro no cesaba de juntar simétricamente sus manos. Los dos sonreían, no sin cierta dosis de nervios.

Minutos más tarde, como reza el protocolo, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy se saludaron frente a las cámaras justo antes de comenzar el debate, que dio comienzo con la radiografía inmediata del candidato popular de la situación española. El dirigente del PP aludió a la Vivienda, Educación, al crecimiento de la inseguridad ciudadana, a los proyectos fallidos del presidente, subrayando que "ningún Gobierno ha sembrado tanta tensión al mismo tiempo que hablaba de talante y convivencia".

Zapatero, por el contrario, con voz segura y control de los gestos, comentó sus logros y comparó la política ambiciosa del Gobierno socialista con "una España próspera y decente", con "menos huelgas, una Ley de Dependencia, firmeza y humildad".
Tras un primer mediano tercio, Rajoy contrapuso los datos económicos recogidos por diferentes organismos internacionales para desmotar los resultados del Gobierno Zapatero. Contundente y con bastante aplomo, recordó la subida de los precios, el descenso de los salarios y el crecimiento del paro, "con 300.000 parados más en los últimos siete meses". De lo que el candidato socialista se excusó poniendo por delante "la desaceleración mundial" y acusando a su contrincante de no haberse ocupado nunca de la economía.

"No se esconda en datos macroeconómicos", le contestó Rajoy. "Estos malos datos son sus datos, los del Ministerio". "Ustedes tienen una inflación del 4,3%, los precios son un 15% por ciento más caros; por cierto, los que más han subido en la Unión Europea. Han hecho perder poder adquisitivo a las familias, no han tomado medidas, los créditos son más caros y además nuestros bancos necesitan financiación exterior porque dependen de ello".

A pesar del argumento del popular, Rodríguez Zapatero ponderó la subida del salario mínimo y el superávit, no en vano insistiendo otra vez en la recesión mundial, después en los decretazos del PP, vaticinando, con más nervios a medida que transcurría el tiempo del debate, que "la desaceleración no va a ser ni profunda ni prolongada". En la cuenta atrás de este apartado, el presidente presumió, como viene haciendo desde el comienzo de la campaña, de la iniciativa de los 400 euros.

Zapatero no respondió a la inmigración
Pero el capítulo de la inmigración bloqueó verbalmente al presidente en dos ocasiones, que evitó responder a las preguntas del líder popular. Mariano Rajoy le reprochó el efecto llamada, le aclaró el aumento de la inmigración ilegal, del porcentaje en alza de reclusos sin papeles en la cárcel, le pidió soluciones, le exigió medidas para la integración y, a la postre, le dijo: "Usted se ha limitado durante estos cuatro años a decir que son muy listos y lo fundamental lo ha desatendido".

Pero en la contrarréplica, Zapatero se enciscó en el terrorismo -sacando de la chistera un bonobus, que pasó sin pena ni gloria ante el caso omiso de su opente que le comentaba sotto vocce, ¡Qué barbaridad!- y en acusaciones tales como "ustedes son el único partido del mundo que se ha manifestado en contra del Gobierno en una cuestión terrorista". Sin embargo, la dura afirmación, por segundos, se volvió en contra cuando Rajoy le espetó una batería de preguntas: "¿Cuándo hay que apoyar al señor Zapatero, cuando decía que ANV era legal, o ahora que piensa lo contrario, cuando decía que Otegui era un hombre de paz, o cuando se fue a la cárcel, cuando De Juana Chaos paseaba por las calles o cuando se le ingresó en prisión, cuando dijo que no hablaban de política con ETA o cuando reconoció que hablaban de ello? Usted ha dicho una cosa y la contraria. Y sinceramente, me hubiera gustado apoyarle, pero usted me engañó".

Tras el peliagudo asunto, del que el candidato socialista no pudo añadir más que "a mí me sale de dentro apoyar a los demócratas", éste se centró en la política exterior para sacar a la palestra la guerra de Irak, la foto de las Azores, el sur de Perejil o las malas relaciones con Francia. Zapatero aseveró: "Ahora todo va mejor, con América latina, con Europa. No defendemos guerras ilegales y sí la ayuda a los países pobres".

El testimonio del presidente del Gobierno no convenció a Rajoy, quien le trajo a la memoria "la suspensión del Consejo de Ministros europeo en España, porque no se podía garantizar la seguridad del mismo, lo que es notable para la imagen de nuestro país".

En política de acuerdos, el dirigente popular, con vocabulario y argumentos similares al de las sesiones de control en el Parlamento, reprochó al socialista los problemas de financiación de las autonomías, de patrimonio, de agua -en este punto los dos se reprocharon trasvases, cuencas, ríos y desalinizadoras-. Le evocó los recursos que sobre los estatutos hay en el Tribunal Supremo y le dijo: "Ahora no me diga que España es plural, España ya era plural. Antes, los españoles tenían los mismos derechos y obligaciones".

El origen de la discordia
En un debate muy duro, donde ambos se acusaron de mentir, Zapatero garantizó la unidad de España, espantó la tesis de autoría socialista sobre la apocalipsis y defendió su política de autonomías, destacando: "Ahora hay más autogobierno, más unidad y más libertades". Pero el argumento contradictorio no logró persuadir al dirigente popular -quien casi siempre llevó la iniciativa del debate-. Aquí le recordó quiénes eran sus socios de gobierno, además de las consecuencias que ha tenido el pacto de Tinell, "con el que ustedes han pretendido echarnos de las instituciones, y donde está el origen de la discordia de la que usted habla, ya que hicieron un pacto para que nosotros no estuviéramos en ningún acuerdo de Estado ni del Parlamento". En este instante, Zapatero se preguntó de qué pacto hablaba y que por supuesto él no lo había firmado.

La Educación apenas ocupó unos minutos en el debate. El presidente del Gobierno hizo gala de su gestión en este terreno -loando las inversiones en I+D+i, su política de becas y las leyes aprobadas- mientras que el líder de la oposición ponía sobre la mesa el informe europeo PISA de Educación, según el cual, España suspende en casi todas las materias. Esta brecha, fue empleada por Zapatero para rebatir afirmando que el señor Rajoy, cuando fue ministro de Cultura, liquidó las becas. Fue en este momento, cuando el presidente del PP llamó mentiroso al socialista, le acusó de falsear datos y le propuso un sistema en el que prime el mérito y el trabajo de los alumnos y la autoridad y el respeto a los profesores, "porque nosotros no podemos competir con petróleo, pero sí con personas".

Rajoy reprochó a Zapatero su "mala gestión en los incendios de Huelva y Guadalajara". Y así le preguntó: "¿Cuál fue su actuación? ¿Cuál fue su sensibilidad?... Usted no atiende a nadie, fue en helicóptero hasta allí con una cámara de televisión para salir en el telediario".

Inesperadamente, el canon digital y la cultura cerraron el primer enfrentamiento electoral de estos comicios, tras quince años de ausencia. El líder del PP manifestó su molestia por las expresiones de "turba de imbéciles" empleadas por la Plataforma de actores a favor del PSOE. Y sobre este asunto, confesó: "Yo defiendo a los actores, a la gente que se levanta temprano, a las siete, a las seis, a la hora que usted quiera, pero me parecen muy graves sus declaraciones, y aún más que usted no nos hubiese defendido. Hay que tener respeto a las personas y hay que tratarnos con tolerancia, como yo trato a la gente. ¿Por qué no me defendió?", y a continuación añadió una de las frases más fuertes del primer asalto electoral entre los dos candidatos: "Sin embargo usted, sí que ha agredido a las víctimas del terrorismo". Cita que por cierto repitió.

En este punto, Zapatero se desquitó, en tono justificante, con: "Yo no he agredido a las víctimas", sonrió nervioso, miró cabizbajo a la mesa y tomando aliento, prosiguió abundando: "Pero usted sí insultó a la gente de la Cultura, gente universal que da una imagen de España en el mundo". Al canon digital no hizo alusión alguna.

Y cuando el acto apenas le restaban unos minutos, Rajoy lanzó un mensaje de optimismo y de cambio apoyándose en el sensible ejemplo de lo que el desea para una niña que venga ahora al mundo en España. Quizás menos acertado que en el resto de sus intervenciones, por el tono entrañable y menos firme que durante los casi 100 minutos de debate, reafirmó seguridad y el convencimiento de que su opción era la garantía de una apuesta fiable para solucionar los problemas de los españoles.

Zapatero prefirió recordar sin embargo, sus logros gubernamentales, en lugar de exhibir algo de su programa. Citó algunos éxitos, remarcó la guerra de Irak, se dirigió a los jóvenes echando mano del cambio climático, recuperó las inversiones en Investigación y Medicina. Se comprometió a seguir trabajando por un mundo de progreso y de alianzas de civilizaciones y, haciendo un guiño al séptimo arte, concluyó su intervención con el título de la película de George Clooney, "¡Buenas noches y buena suerte!".

En el próximo debate, Mariano Rajoy cerrará el turno de intervenciones.
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