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en el teatro real

Gala María Pagés: sobrio y pasional flamenco para conjurar a "las malas jugadas del destino"

domingo 04 de octubre de 2009, 15:50h
La que primero iba a ser la Gala de María Pagés y Carlos Acosta y, más tarde, Gala de María Pagés y Ángel Corella, ha acabado siendo únicamente la Gala de la pasional bailaora junto con su compañía. Antonio Moral, director artístico del Teatro Real, salía al escenario antes de empezar el espectáculo para pedir disculpas por lo que calificó de "una mala jugada del destino", que ha hecho que los dos bailarines que habían de compartir el escenario con Pagés en una gala de fusión de flamenco y ballet clásico no hayan podido participar en la misma.
Al cubano Carlos Acosta, primera figura del ballet de Londres, le dejó fuera una inoportuna conjuntivitis; y su sustituto, Ángel Corella, sufrió una lesión durante el último ensayo que también le ha impedido actuar en el espectáculo. El bailarín quiso acompañar a Antonio Moral antes del inicio de la gala, con muletas y una pierna escayolada, para disculparse ante el público y asegurar que espera estar en forma para la Gala a favor de UNICEF, que se celebrará el próximo 15 de octubre el en Real con motivo del 20 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño.

De modo que la noche antes del estreno del espectáculo, la coreógrafa y bailaora, Premio Nacional de Danza 2002, tuvo que confeccionar a toda prisa un nuevo programa que abarcara también el tiempo que correspondía al ballet clásico, una oportunidad más para demostrar la potente capacidad de inventiva de esta sevillana universal, que pisa con fuerza los más afamados escenarios del mundo. En el del Teatro Real ya se subió el pasado año junto a Tamara Rojo, en una fusión de flamenco y danza clásica que resultó todo un éxito, una fórmula que quería repetir la dirección del teatro, pero que finalmente no ha podido ser.

A pesar de los imprevistos, el espectáculo final de la noche del sábado 3 de octubre, que se representará también en la tarde del domingo, ha sido de una calidad y una fuerza que impedían al público echar nada de menos. Un flamenco sobrio de estudiada estética, con coreografías de impacto visual como la Soleá del espejo, encargada de abrir la Gala, que llenaba la escena y conseguía, poco a poco, caldear el ambiente hasta poner en pie al público para despedir a los artistas, después de otras coreografías, cada vez más pasionales, como las Nanas de la Cebolla, la Seguiriya de la amargura y las Alegrías y cantiñas del mantón dorado, toda una exhibición del arte más profundamente nuestro. Acompañada de su estupenda y coherente compañía, que en 2010 celebrará su 20 aniversario con diversas giras, la gran bailaora supo combinar los bailes para que en la velada no faltara ni un gramo de la energía y la pasión que la han hecho mundialmente famosa desde que comenzara su carrera profesional con la compañía de Antonio Gades, interviniendo en títulos tan emblemáticos como Carmen y Bodas de sangre.
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