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Inseguridad, delincuencia y esfera pública

José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
lunes 05 de octubre de 2009, 17:53h
No hace mucho ya escribí sobre el tema de la vigilancia poniendo de ejemplo el caso londinense. Pues resulta que este domingo tuvo lugar una manifestación contra la instalación de 48 cámaras de vigilancia en el barrio madrileño de Lavapiés, que pasará ahora a ser uno de los más vigilados de Europa. La opinión se divide entre quienes vagamente dicen que no quieren sentirse “controlados” y recuerdan las profecías de Orwell y quienes dicen que de esta forma se incrementará la sensación de seguridad.

Como siempre, y no sólo por evitar el posicionamiento, a mi me gusta ir más allá. Es una mera cuestión de imaginación, de sacudirnos de la cabeza los convencionalismos y las argumentaciones populistas. Si establecemos una concepción más exigente de lo que entendemos por “público” y de lo que entendemos por “delito” podremos llegar a conclusiones sorprendentes.

La verdadera problemática del hecho de que se instalen cámaras de videovigilancia en las calles no radica en que se lleve a cabo, sino en que se realiza de forma discriminatoria. Hay ciertos delitos que nunca serán cometidos a puertas abiertas. Cada día, en miles de despachos cerrados, opacos, sospechosos, se toman cientos de decisiones que afectan de lleno a la vida pública. Sería por tanto justo instalar cámaras en los despachos de quienes juegan con el dinero de los demás como si estuviesen en un casino, de quienes especulan con la construcción como si les perteneciese el espacio, de quienes deciden sobre multitud de asuntos que van más allá de lo privado, y sobretodo, de aquellos a quienes les encanta practicar ese deporte nacional, la corrupción.

Si hacemos un pequeño esfuerzo, podemos incluso introducir en el debate un tercer término, el de “inseguridad”. No sólo la llamada “delincuencia común” puede originar esta incómoda sensación: el paro y las hipotecas pueden igualmente hacer que nos sintamos inseguros. Por tanto, si se crea una infraestructura de control, que se cree de verdad. Porque lo público no es sólo el espacio abierto (espacio que poco a poco se convierte en meros lugares para el tránsito y cada vez menos para la vida); existe un empresariado con derecho de actuación pública y una clase política burocratizada y alejada de la ciudadanía que actúa en esta esfera gracias a una soberanía delegada de la cual muchas veces abusa. Con bastante frecuencia salen a la luz casos de delincuencia “de alto nivel” ante los que no se convocan concentraciones vecinales, y que por otro lado nos hacen pensar en todas las ilegalidades que quedan en la sombra. Apenas percibo indignación cuando se dan a conocer este tipo de situaciones, y es que parece que ya nos hubiésemos acostumbrado a ello.

Ante la llegada de los nuevos dispositivos de videovigilancia, una no desdeñable parte de la ciudadanía afirma que así se sentirán más tranquilos y seguros, que no consideran vulnerada su privacidad y además argumentan que no tienen nada que esconder. Si tan útiles son estas medidas de seguridad contra la delincuencia, ¿no sería lógico entonces aplicar unos niveles de transparencia de lo más exigentes a todo el mundo?

José María Zavala

Sociólogo

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