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Gallardón, el mejor escolta de Zapatero

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
lunes 12 de octubre de 2009, 20:47h
Al alcalde de Madrid le parece una falta de respeto que los militares, sus familiares y amigos junto con los ciudadanos que apoyan a las Fuerzas Armadas aprovechen el Desfile Militar, el día de la Fiesta Nacional, para expresar su protesta contra el presidente del Gobierno, con pitos, abucheos y algún que otro grito de "dimisión". Gallardón cree que había que buscar otro día y otra circunstancia, no deslucir un acto de Estado.

El alcalde de Madrid se mostró como el mejor escolta del presidente del Gobierno, durante la recepción en el Palacio Real que se celebra tras el Desfile. Allí, en cuanto vio aparecer a Zapatero por la puerta se abalanzó sobre él, para estrecharle la mano y mostrarle todo su apoyo y solidaridad. Luego, además, criticó con gesto adusto y algún aspaviento a los revoltosos que habían deslucido el acto. Todo un gesto de caballerosidad con el adversario político.

Gallardón coincide a menudo con Zapatero. Hace unos días, en Copenhague se fundieron en un eterno, melancólico y efusivo abrazo cuando supieron que los Juegos Olímpicos se escapaban hacia Río. Se ven mucho, se sonríen mucho. Pero los ciudadanos que quieren mostrar su malestar contra el Gobierno nunca se encuentran por la calle a Zapatero. Porque ya no sale de la Moncloa más que para ir a la Casa Blanca o, en todo caso, a algún mitin dominical para así abrir todos los Telediarios de TVE de ese día.

En los mítines dominicales, por si acaso, a Zapatero le escoltan hasta el estrado y sólo se puede acceder al recinto con el carné del PSOE entre los dientes. A, veces, ni por esas. Hace unos meses, en Rodiezmo, en la cuenca minera leonesa, en un acto de amor fraternal con los sindicatos, unos cientos de trabajadores le pitaron a gusto. No estaban de acuerdo con irse al paro, a pesar de los eslóganes del presidente sobre los gastos sociales.

Pero Zapatero, antes de volar hacia el cielo de Obama, tenía que estar presente en el Desfile Militar. Sabía la que le esperaba, pues una de las tradiciones de los desfiles militares, desde que él ocupa la Moncloa, es acribillar los tímpanos del presidente del Gobierno. Y los militares, familiares y amigos siempre cumplen con la tradición.

Este año, Zapatero confiaba en que la mudanza de gradas que había diseñado la ministra de Defensa alejara de sus oídos tan molesto griterío. Pero los que querían hacerse oír conocían los tejemanejes de la ministra. Y se dejaron los pulmones.

Porque los militares defienden unos principios constitucionales que Zapatero ha desmontado con Estatutos y negociaciones. Porque los militares se sienten postergados en los Presupuestos; es decir, en sueldos y en seguridad. Y porque los militares están hartos de que Zapatero no acepte que en Afganistán hay una guerra en la que ya han muerto ochenta y ocho soldados españoles. En el genocidio de Irak murieron once.

Y los militares, sus familiares y amigos y esos millones de españoles que creen que Zapatero es un peligro para España tienen el derecho y la libertad para poder expresar sus protestas hacia el presidente cuando tienen la oportunidad. Y este lunes tuvieron esa oportunidad y, de paso, cumplieron con la tradición. Que no todos los días se abrazan a Zapatero, como el alcalde de Madrid.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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