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Suerte y verdad en un sótano de Buenos Aires

Concha D’Olhaberriague
martes 13 de octubre de 2009, 22:04h
En el periódico El País del pasado viernes leí una noticia que parecía más bien el borrador de un relato borgiano. Hablaba del hallazgo fortuito en los bajos de la Sociedad Argentina de Escritores, la SADE, de más de treinta carpetas con manuscritos de grandes creadores hispanófonos, muchos de ellos argentinos, del XIX o comienzos del XX. Los papeles dormitaban arrumbados y llenos de polvo hasta que el azar y la curiosidad diligente de una persona produjeron el fabuloso suceso el 25 de septiembre.

De los viejos archivadores en color marrón jaspeado surgieron, ante el asombro emocionado del presidente de la institución, Alejandro Vaccaro, poemas inéditos de Leopoldo Lugones, Rubén Darío o José Hernández; cartas de Domingo Faustino Sarmiento antes de ser presidente de la Argentina, Esteban Echeverría o Ricardo Güiraldes; el escrito de Alfonsina Storni, la melancólica poeta suicida, encomendando a un amigo el cuidado de su único hijo por la inminencia de su fin, la observación del escritor gallego Ramón María del Valle-Inclán, quien, tras su viaje de 1910 a Paraguay, hace la loa del Paraná y se lamenta de que no sea un río tan afamado como el Nilo. Figura, asimismo, Miguel de Unamuno, colaborador, durante mucho tiempo, de periódicos argentinos como La Nación. Hay notas, apuntes y relatos de otros eminentes autores, y es muy probable que sobrevengan, aún, sorpresas.

Poco faltó, según relata el responsable de la institución bonaerense, para que todos los documentos acabaran en la basura. Nadie sabía de su existencia ni estaban registrados entre los fondos. Pero la fortuna quiso desvelarlos. Ahora, una biblioteca in nuce aguarda. Cada hoja es el comienzo de una historia o, quién sabe si el colofón de un relato ya elaborado, una nueva versión, un pentimento, un descarte o un escolio.

El tiempo mantuvo arracimados los papeles y los marcó con su impronta amarillenta. Separarlos, ahora, sería contravenir su designio.

Ojalá confeccionaran una antología facsímil, con una encuadernación emulando la carpeta y un relato de lo acaecido a modo de introducción, y, como epílogo, la narración sucinta del orden de los papeles y la vinculación que en vida mantuvieron entre sí los autores, amistades y animadversiones, encuentros, desdenes y recelos.

Entre tanto, en el lugar del acontecimiento -cuenta el diario Clarín- resuena el rumor de las exclamaciones de quienes acuden deseosos de ver el valioso centón, y
por los mentideros de la culta ciudad del Río de la Plata circulan opiniones e hipótesis acerca de los tesoros del sótano de la SADE.

Jorge Luis Borges, consejero antaño de la casa, sabría rematar el cuento con destreza. Nosotros preferimos que continúe.

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