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¿Por qué político pondría usted la mano en el fuego?

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 15 de octubre de 2009, 21:54h
Recuerdo, ya casi con nostalgia, que en la Facultad de Periodismo nos explicaron durante los primeros cuatro años que el periodista debe ser objetivo, que hay que buscar la objetividad. Tras cuatro años, muchas horas de estudio, innumerables trabajos y exámenes, en quinto curso te dicen que la objetividad no existe. Lo cierto es que si uno todavía no lo sabía –o no lo quería creer– , se lo imaginaba.

Esta verdad objetiva es hoy más cierta que nunca al ver lo que pasa con los políticos que nos ha tocado sufrir. Y digo bien, sufrir, porque de los que más resaltan, los que más tenemos en los medios todos los días, muy poquitos se salvan. No sólo que sean buenos estadistas o malos dirigentes, rápidos de ideas o lentos de reflejos, ágiles de mente o tardíos en la reacción, sino que sean dignos de confianza. ¿Se fía usted de los políticos?

Empiezo con esto de la objetividad y continuo con lo de la honorabilidad porque, aunque la percepción que los ciudadanos tenemos de los casos de corrupción viene determinada por la filiación ideológica o partidista de cada uno, no me parece poca cosa que el 40 por ciento implique por igual a PP y PSOE en estos escándalos. No me sorprende, los prejuicios ideológicos harán que se justifiquen conductas poco honestas por parte de los idolatrados y que se mande a los infiernos a los de enfrente, aunque no haya motivo.

El caso es que, se sea “hooligan” o no de la clase política, reina un cierto clima de desconfianza que hace meter en el mismo saco a toda la clase política y pensar aquello de que “no se libra ninguno”. Unos por incompetentes, otros por corruptos y muchos por las dos cosas, lo dicho anteriormente, aprobamos a muy poquitos.

Estoy de acuerdo con mi compañera Alejandra Ruiz-Hermosilla cuando dice que “el caso Gürtel nos importa un bledo”. Estamos cansados de un tema que dura meses, que vemos plagado de intereses políticos y mediáticos y que aburre ya hasta las moscas. Pero el tufillo queda y aunque desde algún diario de esos de papel que antes se decían independientes –sólo por la mañana– y que ahora son globales crean que sólo huele por una parte de la bancada, lo cierto es que la peste inunda a toda la clase política.

Atacando a los de un lado nos acordamos también de que el desgaste del proyecto socialista de Felipe González se debió mayoritariamente a la aparición de numerosos casos de corrupción. Uno, dentro de su joven veteranía, no sé si por ese viejo afán de apartar la mierda de su lado, había pasado la página de los “despachos de los hermanísimos”, los “roldanes”, los “filesa”… Ya formaba parte de la leyenda olvidada de este país, pero que, al más puro estilo de las fosas y los “Todo por la patria”, han conseguido recuperarlo de nuestra memoria histórica.

Bien me parece que la ministra de Ciencia e Innovación, la desconocida Cristina Garmendia, declare poseer un patrimonio de casi 5 millones euros; o que el titular de Industria, Miguel Sebastián, disponga de 1,7 millones de euros y así lo diga; y que el responsable de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, reconozca que tiene y puede demostrar 1,2 millones. Así, si mañana se detecta un crecimiento no justificado de su riqueza, se sabrá desde qué punto partía su hacienda personal. Buen plan, pero yo lo haría con todo funcionario público que en algún momento tenga que disponer de fondos del erario para el desarrollo de sus actividades públicas.

Y digo yo: Con datos objetivos, ¿quién se fía al cien por cien del PSOE? Con las mismas cuentas, ¿quién se fía sin ningún género de duda del PP? ¿Por qué político pondría usted la mano en el fuego? ¿A cuántos salvaría? ¿Puede contarlos con una mano? ¿Cuántos dedos les sobran?

No quiero ser injusto. Alguno habrá cuya rectitud, honestidad, integridad, honradez, moderación y corrección esté fuera de toda duda, pero en casa, la parienta me dice que no pondría la mano en el fuego por ningún político porque, con toda seguridad, se quemaría.

Javier Cámara

Redactor Jefe de El Imparcial

JAVIER CÁMARA es periodista

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