Honda ha presentado a los medios informativos su modelo FCX Clarity. Una novedad más si no fuera porque se trata del primer coche de serie movido por una "pila de combustible". ¿Qué es una pila de combustible? Sin entrar en una explicación demasiado técnica (que tampoco estamos en condiciones de ofrecer), podemos decir que se trata de un sistema de producir electricidad por medio de la electrolisis del hidrógeno.

Hace años que los fabricantes de automóviles trabajan en este tipo de generador de electricidad y hay quien cree que este sistema será el que en un futuro moverá a los automóviles particulares. Renault ya presentó hace poco tiempo un prototipo movido por esta pila, instalado sobre un Scenic; Opel también hace poco más de de un año que mostró su HydroGen de cuarta generación. Ahora es la marca japonesa Honda quien ha permitido probar en Frankfurt su modelo FCX Clarity, que ya comercializa en USA y en Japón en muy pequeñas series y que estudia la posibilidad de ofrecerlo en el mercado europeo. De momento es muy caro y de elaboración compleja. Además, aun no hay una red de distribución de hidrógeno que permita la popularización de estos vehículos.
Frente al automóvil eléctrico, que no es capaz de ofrecer una alternativa válida al automóvil en los desplazamientos interurbanos, la pila de hidrógeno puede responder a algunos de los graves inconvenientes de los eléctricos. El principal, el de la autonomía. Un coche con pila de combustible se mueve por el hidrógeno almacenado en un depósito y es capaz de recorrer más de 450 kilómetros sin repostar y llenar de nuevo el depósito en un par de minutos. En eso, es comparable a un coche con motor de combustión, de gasolina o diesel. Obviamente, con depósitos más grandes, crecerá la autonomía.
Su enorme ventaja es que no contamina. Nada. Absolutamente nada. Porque la energía la obtiene del hidrógeno y como residuo apenas expulsa unos gramos de agua por cada kilómetro recorrido. Por si fuera poco, el hidrógeno abunda en todos los puntos de nuestra bendita Tierra.
Lo malo es que este hidrógeno no existe en estado puro en la Naturaleza, sino combinado con el oxígeno, formando el agua. Por lo tanto, para poder obtener el hidrógeno que vayamos a utilizar en los coches movidos por pila, previamente tendremos que separarlo del oxígeno. Y este proceso de separación de estos dos elementos (H y O) tiene un coste energético muy elevado. En resumen: necesitamos mucha energía para obtener el hidrógeno que nos permita volver a unirlo con el oxígeno y volver a formar agua. En este proceso se produce la energía necesaria para mover un coche. Un círculo vicioso. ¿Dónde está entonces la ventaja del motor de pila de combustible? En la obtención de hidrógeno con energías limpias. Si en el futuro la obtención del hidrógeno va a ser con energías fósiles, nada habremos ganado; de la misma manera que nada ganaremos si la energía eléctrica que utilicemos en un coche, en el Metro, o en el AVE, la obtenemos quemando petróleo. Ese es el reto: obtener hidrógeno "limpio".
Porque, al contrario de lo que ocurre con la electricidad, el hidrógeno puede almacenarse, eliminando los problemas de la recarga eléctrica, aun no resueltos por la industria. No es que sea un almacenamiento fácil, porque se necesitan depósitos de alta resistencia, pero la industria está ya en condiciones de ofrecer alternativas compatibles con la utilización generalizada.
¿Cuál es la razón entonces por la que desde nuestro Gobierno se apuesta por el eléctrico, siendo como es mucho más ilógico que la pila? Pues porque, hoy por hoy, la obtención de hidrógeno en cantidades suficientes para mover el parque de automóviles solo es posible con centrales eléctricas atómicas. Y la palabra "atómica" es tabú para los hombres del PSOE, acobardados ante la pérdida del respaldo de los movimientos ecologistas de izquierdas si dieran luz verde a un plan energético atómico como tienen ya en Francia, Gran Bretaña, EEUU y tantos otros países occidentales que han comprendido que el átomo no es sino una fuente energética de primer orden, que necesita los controles lógicos de un proceso productivo sofisticado y temible en los errores. Como tantos otros procesos químicos e industriales.
Estamos una vez más apostando a caballo perdedor. A una tecnología que no va a resolver el problema de la movilidad personal (el automóvil eléctrico); que podrá ofrecer titulares de prensa con los que obtener votos y apaciguar los ánimos de quienes trabajan en una industria que no va a poder subsistir sin transformaciones profundas, pero que no puede ofrecer soluciones para el día, no muy lejano, en que el petróleo no pueda utilizarse como fuente energética.
José María Cernuda
jmcernuda@elimparcial.es
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